OPINIÓN | BIENAL 2016

Alalá, “un grito a la alegría” sobre el paño de la miseria

Sevilla Directo - 26/09/2016 10:23:24
Alala bienal (1)
Por Antonio Ortega.

Antonio Ortega

El pasado jueves, en el pase para la prensa del documental Alalá, en el teatro Alameda, el ayuntamiento de Sevilla, a través de los responsables del ICAS y de la Bienal de Flamenco, y con el beneplácito y el elogio público de la Comisionada para el Polígono Sur, María del Mar González, dejó de manifiesto que gitano, delincuencia, Polígono Sur  y flamenco, conforman un mismo cuerpo, una relación connatural e indisociable. Esta lamentable idea representa el colmo del tópico más manoseado, que ahora, para patrocinar este trabajo y para justificarlo, retuerce una vez más los argumentos. Porque esta relación no solo nace de la ignorancia, sino también del colonialismo que las administraciones públicas vienen ejerciendo de tiempo atrás en esta zona maltratada de la periferia sevillana. Esa imagen, aterradora y temeraria, contra la que luchan cada día los que allí viven, se ha convertido en el paradigma de una solidaridad ficticia que viene tutelada por los de fuera, con su credo particular. Dicho documental, va a ser proyectado el próximo día 30, encuadrado en las Actividades Paralelas de la Bienal, en el Centro Penitenciario Sevilla 1, un espacio, que los responsables de la Delegación de Cultura, entienden de “especial significado”. La Bienal podría haber programado para los internos un buen recital de flamenco, con una primera figura, por ejemplo, pero en el ICAS han debido entender que es más apropiado, dada las circunstancias, este documental de “Las Tres Mil”… De este modo, quienes deberían velar por la mínima regla de la dignidad social, colaboran para establecer de manera aberrante y demoledora una conexión directa entre las personas allí internas y las que protagonizan este trabajo, entre los que se encuentran, a todo esto, menores. A tal extremo llega este convencimiento anquilosado, que la responsable de Solidarios para el Desarrollo, la asociación que gestiona el Aula de Cultura de Sevilla l, Marisa Vázquez, llegó a decir en la rueda de prensa posterior, que con esta proyección los reclusos podrán disfrutar de un documental que muestra a “su barrio”, como si toda la población interna del aula procediera del Polígono Sur y no de otros lugares ni de otras capas sociales. Y la Comisionada, allí presente, complació con su silencio.

El documental, financiado en gran parte con dinero público, presenta las peores imágenes de la zona, los clichés recurrentes que han contribuido a soterrarla bajo las estampas más humillantes: un guión preconcebido, la automarginalidad, niños gitanos (siempre gitanos…) sin camisas o en pijama jugando en las calles, fachadas derruidas, gallos de pelea, quioscos ilegales, gente inactiva, paro, absentismo, jóvenes sin futuro en las esquinas, personas analfabetas, pobreza, incultura, infracciones de tráfico, deterioro social y suciedad… Este es el paño sobre el que se hila un guión que, lejos de alcanzar un bordado decoroso y humanitario, muestra pespuntes que construyen una irrealidad que trasciende como lo contrario. No se entiende que la meritoria labor que realiza el guitarrista Emilio Caracafé con los niños del Polígono Sur, se haya plasmado con semejantes lamparones en la base. El fin, en este caso, por la distorsión del contexto, no justifica los medios. Remedios Malvárez, su directora, dice que “Alalá es un relato social muy diferente al que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación cuando retratan el barrio de las Tres Mil Viviendas de Sevilla”. Pero no es cierto: el trasfondo que utiliza para justificar el guion es el mismo. Malvárez ha tenido la oportunidad, porque la historia de Alalá es maravillosa, de haber cambiado el paso por primera vez, pero ha caído en las mismas tentaciones que sus antecesores, y ha elegido la técnica de la felicidad bajo el moco. La estructura principal de la cinta se fundamenta en exponer lo malo para realzar lo bueno, y lo positivo de la película, que lo tiene también, ha quedado empañado por este criterio. En el relato sólo trasciende la vida de una parte de los vecinos del Polígono Sur, matizando especialmente en los gitanos, pero no en un conjunto que es heterogéneo, del que forman parte familias normalizadas cuyos hijos también acuden como alumnos a la fundación Alalá, el plausible proyecto ideado por el peculiar tocaor y llevado al estatus de fundación por la empresa Konecta bajo la dirección de Blanca Parejo.

El Comisionado, mal llamado también La Autoridad única, es una figura política creada en el año 2003, para ejercer, entre otras funciones, como oficina de interlocución entre los vecinos y las administraciones públicas, pero en este sentido galopa como un caballo cojo. Desde el 2013, el cargo lo ostenta María del Mar González, en quien los vecinos, cansados de promesas incumplidas, depositaron, por enésima vez, su confianza, pero el pasado jueves, González, dejó en entredicho su compromiso con el barrio y con los más desprotegidos, dado que lejos de mostrar unos mínimos gestos de sonrojo por la imagen deteriorada que parte del documental proyecta de la zona, y por consiguiente, de la ineficacia que esas mismas tomas descubren de su gestión, dijo sentir regocijo: “Cuando lo he visto entero -se refería al documental-, me ha dejado una sensación de bienestar que me ha removido las entrañas”, “Creo que ha salido un producto muy bello, muy conmovedor…”. Las aberraciones siguen cebándose con el Polígono Sur y la sensación es desoladora, la gente está agotada de vivir en el estereotipo, de clamar en el desierto. Piden respeto, pero es evidente, que La Autoridad única es mentira. El pasado jueves, dejó claro de parte de quienes está: de los que utilizan el trasfondo de la miseria como “un grito a la alegría”.

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