A por ellos
09/01/2018

¿Qué puede haber ocurrido para que en un pueblo como Pedrera, luchador, trabajador, que siempre ha sabido buscar trabajo más allá de los límites de su pueblo, salgan a la calle, un grupo minoritario pero importante, a la busca y captura de unos ciudadanos extranjeros, que llegan al pueblo en busca de trabajo?

Se pueden aducir problemas de convivencia, abusos por partes de unos y de otros, situaciones no deseadas, accidentes de coche que terminan con agresiones, que hay gente sin escrúpulos, lo que quieran, pero no puede ser que la memoria colectiva de una gente que tanto ha sufrido pueda volverse en contra de otra gente que solo hace lo que mucha gente del pueblo han hecho y siguen haciendo, buscarse la vida.

Muy probablemente, como dice Antonio Nogales, alcalde de Pedrera, la oposición municipal alimenta el asunto, porque la miseria política es algo muy frecuente. Aún así debe haber algo más y, quiero creer, que no es una cuestión local, los pedrereños y pedrereñas no son de ese tipo de gente que van volcando coches a diestro y siniestro. No hablo de oído, hace mucho tiempo que conozco a bastante gente de Pedrera y no hay nada que objetar a ese respecto.

Me temo que el “A por ellos” se ha convertido en una manera de hacer brotar los peores contravalores sociales. La xenofobia y su peor versión, la aporofobia, está calando en la vida social de los pueblos y ha encontrado en los últimos acontecimientos sociales y políticos un caldo de cultivo que envalentonan a cualquier estrecho de mente, que solo ve 2 cm. más allá de sus narices.

Las imágenes de violencia verbal y física en torno a los últimos acontecimientos fomentadas desde el poder central, contra los que son de fuera o se les considera de fuera, incluidos nuestros compatriotas, están haciendo un flaco favor a la convivencia en espacios reducidos. Una vez más los medios de comunicación haciendo sangre de una situación que no debiera ser más que normal, entendiendo por normalidad, lo cotidiano, lo habitual o incluso lo que se sale de la norma establecida por unos pocos, que provocan efectos indeseados.

Las imágenes y los vítores de los que salían a la defensa de lo nuestro frente a los otros, refuerzan los sentimientos de “lo mío es lo mío” frente a los valores que sustentan los derechos humanos, que se basan en la libre circulación de las personas, como ya existe la de mercancías. Derechos humanos que declaran que no deben existir fronteras para las personas.

“Las causas por las que luchamos son difíciles, pero son tan justas que algún día las ganaremos” decía Diamantino García Acosta y con esa lucha es posible que este tipo de acontecimientos no impidan la libre convivencia de personas, más allá de su origen, con sus problemas habituales, con la normalidad de vida que ahora supone, que otros son los que tienen que venir a la tierra de los que aún buscan otras tierras para sobrevivir. Todos y todas estamos involucrados y Andalucía debería ser ejemplo de esa solidaridad necesaria, nuestra tierra no puede ser un lugar de enfrentamiento por mucho que se haya instalado en la memoria colectiva la exclusión del otro. Andalucía, como decía hace unas semanas en este mismo espacio, debe declararse tierra de refugio, como característica universal del pueblo andaluz, por sí y por la humanidad.

Miembro de la Coordinadora Nacional y responsable de Comunicación de Iniciativa del Pueblo Andaluz (IdPA).
@jochimet

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