¿Después de París qué?
21/01/2016
sevilla contra el cambio climatico

La Cumbre del Clima de París terminó con un acuerdo de deseos y sin hoja de ruta, mecanismos de control ni compromisos de financiación. Para algunos pudo ser peor: pudo no haber acuerdo ninguno. Para la comunidad científica ha sido un desastre, cuándo no tenemos margen para el error. Pero hay vida después de París. El pasado viernes 15 de enero el Foro de Cooperación y Debate organizó en Camas una mesa redonda de Análisis de la Cumbre Internacional del Cambio Climático de París. Participamos como ponentes Valeriano Ruiz, catedrático de termodinámica y gran impulsor en Andalucía de las energías renovables, José Carbonell Talerón, coordinador de Green Peace en Sevilla y el que escribe. Y eso me da pie para compartir algunas reflexiones y terminar con propuestas.

¿Qué nos jugábamos en París? Tomar medidas efectivas coordinadas a nivel mundial para limitar el alcance del Cambio Climático, ya en marcha, que constituye una de las mayores amenazas a las que jamás se haya enfrentado la humanidad. Para ello la comunidad científica nos dice que habría que evitar que la temperatura media del planeta subiera más de un grado y medio. Ya ha subido uno. París señala ese objetivo como deseable. Pero las previsiones para final de siglo, en el supuesto de cumplimiento de las medidas presentadas por los gobiernos en La Conferencia, es que suban 3 grados, como rápidamente han calculado los científicos. El impacto del Cambio Climático será desigual, pero nadie va a quedar libre de sus consecuencias. El avance del desierto, la transformación de nuestro clima mediterráneo, con su vegetación mediterránea, en un clima tórrido sin viñas, olivos ni naranjos, la desaparición de islas del Pacífico y de las zonas litorales y de marismas, incluidas nuestras playas y Doñana, el crecimiento de las hambrunas y las migraciones climáticas, el golpeo cada vez más frecuente de fenómenos extremos como olas de calor, tornados e inundaciones, son las consecuencias que sufriremos. La llave para evitarlo es reducir significativamente las emisiones de CO2 y el metano que son los principales causantes de la perturbación en el clima.

Para lograrlo la agenda de París debiera haber incluido todos los temas sobre los que es preciso incidir. Sin embargo la agenda estaba incompleta. Quedó deliberadamente fuera la reducción de emisiones de metano producto de la ganadería industrializada, responsable según la FAO de entre el 35-40% de las emisiones de este gas, el más potente calefactor. Quedó fuera de discusión la agroindustria petrodependiente y globalizada que provoca que los alimentos recorran una media de 4.000 km hasta llegar a nuestra mesa, responsables de entre un 14-30% de las emisiones de efecto invernadero. Y quedó fuera el transporte mundial: la aviación y el transporte marítimo de contenedores de la economía global son responsables del 10% de los gases de efecto invernadero.

El objetivo de la cumbre parecía que se iba a centrar en la llamada descarbonización de la economía, es decir, en liberarla de la dependencia de las energías fósiles, el carbón, el petróleo y el gas. Y para lograrlo el camino parecía que iba a ser la elaboración de la hoja de ruta hacia el 100% de producción de energía renovable con hitos temporales claros, llegando al 2050 con la mayor parte de los deberes hechos. Sin embargo los intereses de las compañías fósiles, de los países productores con Arabia Saudí a la cabeza que envió como representante a su ministro del petróleo, y de las grandes multinacionales, hizo que desapareciera toda mención a la descarbonización de la economía y que fuera sustituido el concepto por el de balance de las emisiones: se podrá seguir emitiendo CO2 confiando en que el desarrollo tecnológico traiga medios supersofisticados para absorberlo. Nos lo jugamos todo a la fe tecnológica y de paso abrimos una vía de investigación y desarrollo que va a desviar los recursos que necesitamos para lograr un modelo energético sostenible, con futuro, hacia soluciones futuribles y de riesgos desconocidos, que abren una nueva vía de negocio para el capitalismo global. Negocio redondo en el que se demuestra una vez más que el lucro a corto plazo del casino mundial se parece cada vez más al juego de la ruleta rusa. Por su parte Obama impuso que el acuerdo no fuera vinculante, conocedor de la oposición de la mayoría republicana en el Congreso.

Hay quién dice que tenemos una débil gobernanza global y que no se podía esperar más. Pero no es cierto. Cuando los estados se reúnen para favorecer el comercio global, a través de acuerdos de liberalización económica como el CETA, entre EEUU y Canadá, el NAFTA o el TTIP que ahora se negocia entre EEUU y Europa, se demuestra que la gobernanza mundial es fuerte, si bien en favor de los intereses de las grandes compañías y en detrimento de la propia democracia. Estos acuerdos incluyen mecanismos de verificación, tribunales de arbitraje privados y medidas sancionadoras. Y basta un ejemplo para comprobarlo, reciente, y que pone de manifiesto la contradicción entre el objetivo de dejar bajo tierra la mayor parte de reservas fósiles por explotar, especialmente las más contaminantes, y los intereses económicos. La empresa TRANSCANADÁ, acaba de denunciar al gobierno de EEUU ante el tribunal estatal del Estado de Texas y el tribunal de arbitraje privado del CETA, por impedir la aprobación del proyecto de oleoducto que debe transportar el petróleo de arenas bituminosas de Alberta hasta la costa oeste de EEUU para ser exportado a Europa. EEUU con toda seguridad se enfrenta a una sanción y deberá autorizar este oleoducto, contra el que el movimiento por el Clima lleva luchando desde hace una década y que Obama ya se comprometió a paralizar en su programa de la primera investidura presidencial. Los gobiernos que no se ponen de acuerdo para afrontar las amenazas a la vida en el planeta se ponen de acuerdo para dejar en manos privadas la derogación de medidas regulatorias que puedan atentar contra sus negocios. En la práctica EEUU y Europa están de acuerdo en que los negocios prevalecen sobre las políticas sociales y ambientales, y que la política económica debe quedar fuera de la decisión política democrática. Dejan el arbitraje de sus políticas económicas, sociales y ambientales en manos de tribunales de arbitraje privados atentos a que no se pongan obstáculos a los negocios globales.

En ese contexto, Naomi Klein en su libro ‘Esto lo Cambia Todo: el capitalismo contra el clima’, nos señala el camino. Constituir un movimiento por el Clima a nivel mundial con nodos vigorosos locales. En España la Alianza por el Clima aglutina a más de 400 organizaciones. Pero nos queda casi todo por hacer, habida cuenta de que pese a haber coincidido la cumbre del clima con las elecciones generales, parece haber habido un consenso implícito en no mencionar el tema en campaña. Ha estado ausente en los debates televisivos. Sin embargo el movimiento por el Clima está llamado a ser el lugar de convergencia del movimiento por la justicia global y por una democracia real. El reto es aunar movimientos sociales, científicos, empresas de la economía social verde y el movimiento por el cambio político. Sólo cuando nos demos cuenta de que sin una economía ajustada a los límites del planeta y en equilibrio con la naturaleza no podemos generar empleo durable y tener una base sólida para las políticas sociales, el movimiento por el cambio se llenará de contenido de futuro.

Para ello, en Sevilla, urge articular y consolidar bien el nodo de la Alianza por el Clima, que se estrenó organizando la marcha por el Clima del día 29 de noviembre. Y urge solicitar al ayuntamiento la constitución de una Mesa por el Clima que informe todas las políticas locales impulsando la transición de la ciudad hacia un modelo de emisiones cero, de alta calidad ambiental y justicia social, empezando para ello por la transformación de los barrios más vulnerables.

Esteban de Manuel Jerez, profesor de la E.T.S. Arquitectura de Sevilla y coportavoz de Equo Sevilla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*