Diálogos intergeneracionales en La Carbonería
22/06/2016
Pisco Lira flanqueado a su derecha por Alberto de los Ríos, concejal de Ganemos Córdoba y a su izquierda por Alejandro Aguilar, candidato por Equo al congreso en la lista de Unidos Podemos.

Pisco Lira flanqueado a su derecha por Alberto de los Ríos, concejal de Ganemos Córdoba y a su izquierda por Alejandro Aguilar, candidato por Equo al congreso en la lista de Unidos Podemos.

El lunes visitamos La Carbonería, en su jornada de Puertas Abiertas. Estuvimos hablando con Pisco Lira sobre la operación inmobiliaria que amenaza la continuidad de este lugar mágico, referente de la vida cultural de la ciudad, patrimonio inmaterial de Sevilla. Y estuvimos hablando de las estrategias a seguir para que sea declarado Bien de Interés Cultural etnográfico para poder así preservar no sólo sus cualidades espaciales, tan singulares, sino la actividad misma que le da vida. Fue esa estrategia la que logró salvar el Palacio del Pumarejo, amenazado también en su momento por un proyecto que pretendía convertirlo en un hotel. Cultura y el Ayuntamiento tienen en su mano salvar La Carbonería y confiamos en que así sea, … juntando firmas de apoyo y contra el desahucio al que se enfrenta.

La Carbonería es un símbolo que une diferentes generaciones. Aquí encontró un lugar propicio para sus encuentros y debates la que protagonizó la transición y trajo la modernidad a la ciudad. Aquí se reencontró con el flamenco la generación postmoderna de los ochenta. Y desde entonces no ha dejado de ser lugar de encuentro intergeneracional. Por eso, y porque queríamos contribuir a llamar la atención sobre la necesidad de que los sevillanos defendamos nuestro patrimonio cultural, decidimos organizar aquí un diálogo que tuvo como centro la solidaridad intergeneracional.

La solidaridad intergeneracional tiene una expresión fundamental en el sistema de pensiones que hemos construido y que hoy está amenazado. Está amenazado desde que hace años los gobiernos empujaron a la gente a los planes de pensiones privados. Y la gente en España  y en todo el mundo, empezaron a poner sus ahorros en manos de los gestores de esos fondos de pensiones que se convirtieron en gigantescos fondos de inversión. Los mismos que han alimentado la economía de casino que alimentó la burbuja financiera. Burbuja que cuando estalló amenazó de quiebra a los bancos. Bancos que fueron rescatados por los estados, convirtiendo en deuda pública la deuda privada. Bancos que especularon con la prima de riesgo de esos estados endeudados y que bajo chantaje terrorista lograron que gobiernos como el de Zapatero, en alianza con Rajoy, cambiaran la constitución para asegurarse de que el pago de los intereses de la deuda tuviera prioridad sobre el pago de las pensiones y de los servicios públicos.

En la Carbonería diálogo de Esteban de Manuel con Aurora León.

En la Carbonería diálogo de Esteban de Manuel con Aurora León.

Por este hilo, el del cambio constitucional, empezó Aurora León su intervención para ir desmontando los argumentos de quiénes habiendo hecho tanto para reducir las pensiones y poner en riesgo su futuro, han desatado ahora una campaña para que los españoles tengan miedo al cambio de rumbo. Zapatero y Rajoy han tomado medidas para congelar las pensiones en el momento en que los pensionistas han tenido que hacerse cargo de sus hijos y nietos, expulsados del trabajo y de sus casas por el paro y las leyes de desahucio exprés promulgadas por quiénes ahora les piden el voto. Pero es que además, las reformas laborales de Zapatero y Rajoy han reducido los salarios y precarizado el empleo, al tiempo que han alargado los años de cotización para acceder a una pensión y han modificado a la baja el mecanismo de cálculo para reducir su retribución. Por otra parte, ante las escandalosas cifras de paro juvenil no dan otra expectativa a los jóvenes que emigrar fuera de España y a los emigrantes que volver a sus países de origen, al tiempo que cierran la puerta a los refugiados. Todo junto es una bomba de relojería que amenaza, si no la detenemos a tiempo, dando un giro de 180º a las políticas, con acabar con pilar básico de la solidaridad intergeneracional. Si se reduce la base de quiénes cotizan, como se ha reducido, si quiénes cotizan lo hacen en menor cuantía porque les han bajado los salarios, no es posible llenar la bolsa de pensiones a la que el gobierno ha dado, irresponsablemente, una buena tacada. Esto es lo que hace la gente que se llama así misma “seria” y “moderada”. Ana iba desgranando con datos estas medidas y su indignación, y la de quiénes la oíamos, no cesaba de aumentar. Y está bien que así sea. Porque la indignación fue, y es, el primer paso para iniciar la gran transición que tenemos que emprender, y la que Aurora llamó a sumarse a la generación que trajo la democracia a este país. Aurora pidió solidaridad intergeneracional, de jóvenes y mayores, de abuelos, hijos y nietos, para provocar el cambio de rumbo que necesitamos. Para mantener las propias bases de la solidaridad intergeneracional.

Y ahí le tomé el relevo. Si por transición entendemos el camino que nos lleva de una situación de partida que no queremos, que nos resulta insatisfactoria, a otra que queremos, lo que hoy necesitamos es una Gran Transición. Porque no sólo necesitamos echar a los corruptos y poner las bases para acabar con la corrupción. Necesitamos dar un giro copernicano a la nave para que no se estrelle con sus límites, para que no se produzca un colapso caótico. La solidaridad intergeneracional se puede leer también en claves de sostenibilidad. El modelo económico y productivo que hoy tenemos es insostenible social y ambientalmente. Estamos enfrentándonos ya a los límites, agotando las reservas de energía fósil y de otros recursos estratégicos, y no podemos seguir así indefinidamente porque en este siglo XXI, nombrado por Jorge Rietchmann como el siglo de la Gran Prueba, nos jugamos el destino de la humanidad.

A medida que los recursos escasean la lógica capitalista de acumulación presiona para hacerse con ellos, provocando guerras por el petróleo, el gas, el agua, el coltán, el cobre… y reduciendo el estado de bienestar, extendiendo el malestar, incrementando la desigualdad por doquier. El colapso ya ha comenzado, será largo y tendrá etapas difíciles a medida que se sucedan nuevos estallidos de burbujas financieras, nuevas guerras por los recursos, nuevas oleadas migratorias, encarecimiento generalizado de la energía y los recursos estratégicos. Para evitarlo es necesario cambiar de rumbo y poner las bases de una nueva civilización cuya economía esté al servicio de las personas y en equilibrio con el planeta, en la que el principio de lucha y competencia sea sustituido por el de solidaridad y cooperación.

Y esto se tiene que plasmar en impulso político. Impulso político para reducir el poder del dinero, para acabar con los paraísos fiscales, con las sociedades pantalla, con las puertas giratorias y los mecanismos de financiación ilegal de los partidos, que a cambio de contratas y recalificaciones urbanísticas han financiado sus arcas con fondos donados por las empresas adjudicatarias. Impulso político para que los impuestos cumplan su función redistributiva y permitan garantizar ingresos mínimos de subsistencia a todos y acceso universal a los servicios públicos de calidad que necesitamos: salud, educación, vivienda, ayudas a la dependencia ¿Quién tiene que tener miedo al cambio de rumbo? Los que se van a ver perjudicados por estas medidas, que son el 1% del 1%.

Impulso político para evitar que la política sea cosa de profesionales que no tienen otro oficio ni beneficio. Para que si un presidente del gobierno, como Zapatero o Rajoy, hacen lo contrario de lo que dijeron que iban a hacer puedan ser revocados en referéndum: ¡Qué lo que queremos para los venezolanos lo tengamos los españoles! Impulso político para que todos los votos valgan lo mismo, para que la democracia sea cosa de todos los días y no del día de las elecciones, antes conocido como la Fiesta de la Democracia. Para que la sociedad tenga poder de impulsar Iniciativas Legislativas Populares de verdad, vinculantes si son aprobadas en referéndum.

Impulso político para cambiar el rumbo del modelo energético y del modelo productivo para que la economía se ajuste a los límites naturales y la solidaridad intergeneracional se exprese en que las generaciones futuras tengan aseguradas las bases de la vida: tenemos la responsabilidad de dejarles en herencia un planeta vivo y sano, con aire puro, con agua potable asegurada, con alimentos saludables abundantes, en el que paremos el cambio climático.

Y todo esto se llama apuesta por los empleos verdes: por aprovechar los recursos que tenemos en abundancia, el sol, el viento y la fuerza del agua para generar la energía que necesitamos creando empleos dignos en abundancia. Todo esto significa girar 180º la política de moratoria de las renovables de Rajoy, que asombra al mundo frenando el sector del futuro y apostando por el del pasado, por la energía nuclear y por el carbón. Poniendo impuestos al sol para evitar que produzcamos electricidad más barata en nuestros tejados que la que compramos a las grandes empresas eléctricas. Ese señor, que dice ser moderado, no es otra cosa que un radical que no tiene parangón en Europa en sus políticas antisociales, antiambientales y de freno de los sectores económicos con más futuro. Un radical de la política que beneficia a unos pocos haciendo la vida imposible a las mayorías. Un radical que más que conservador es retrógrado: si estuviéramos a principios de la revolución industrial, su freno a las renovables sólo lo podríamos comparar con el freno a las máquinas de vapor.

La Gran Transición la tenemos que hacer sin pausa todos los días. Cambiando nuestras decisiones de consumo cotidianas, contratando la luz con cooperativas de energía renovable, poniendo nuestros ahorros en banca ética y cooperativas de crédito, apoyando el comercio local y la industria andaluza y española, organizándonos, expandiendo la cultura y el arte, el amor por la naturaleza, los valores de solidaridad y cooperación, apostando por la educación durante toda la vida.

Pero el 26J tenemos que darle el impulso político necesario para no seguir perdiendo tiempo yendo hacia atrás en derechos, en modelo productivo, en preservación de la naturaleza, en democracia. Por eso necesitamos junto con la indignación como motor de cambio, la inteligencia para construir alternativas y el corazón lleno de esperanza. Y necesitamos estar juntas todas la generaciones en esto.

Esteban de Manuel Jerez, profesor de la Escuela de Arquitectura y coportavoz de Equo Sevilla.

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