El decrecimiento sereno, un camino para Sevilla (1)
22/11/2015

El pensamiento económico dominante descansa sobre la idea de que el crecimiento es el camino para la generación de empleo y la extensión de la prosperidad. El indicador del crecimiento económico es el Producto Interior Bruto y ese crecimiento de la producción necesita una demanda creciente e imparable del consumo de suelo, agua, energía, minerales y productos manufacturados. Ese crecimiento de la producción y el consumo ha permitido en los países enriquecidos extender la prosperidad general durante los llamados treinta años gloriosos que siguieron a la segunda guerra mundial. Al final de este periodo, en los setenta, el Informe al Club de Roma puso de manifiesto que no se podía mantener un crecimiento de la producción ilimitado dentro de un planeta limitado. Pero esta inercia se mantuvo artificialmente a costa del endeudamiento los treinta años siguientes. Y ahora, tras el estallido de la crisis de la deuda en Europa y U.S.A nos encontramos en el inicio de un periodo en el que ya no será posible mantener artificialmente ese ritmo de crecimiento de la producción y el consumo para la mayoría de la población. Estamos en la etapa en la que las economías basadas en el crecimiento han entrado en el crecimiento negativo de la producción y el crecimiento positivo de la temperatura global. Pese a la propaganda de los gobiernos, ya nada volverá a ser igual porque ya nos estamos topando con los límites del planeta. Ya extraemos de la naturaleza un cincuenta por ciento más de lo que la naturaleza es capaz de producir cada año. Y eso de media mundial, con un gran grupo de países que están por debajo del límite y un pequeño pero importante, que lo superan varias veces. España lo supera en tres veces lo que equivale a decir que necesitaríamos tres planetas para extender nuestro nivel de consumo de recursos y emisiones contaminantes a todo el planeta. USA lo supera en cinco veces.

Serge Latouche, el eminente economista y filósofo profesor de París que lanzó la teoría de la abundancia frugal, del camino para lograr satisfacer las necesidades humanas reduciendo el consumo de recursos, ha visitado Sevilla esta semana para impartir una conferencia en el Centro Internacional de la Universidad. ‘Decrecimiento o Barbarie’, fue el título de su conferencia, de máxima actualidad tras los atentados de París. Estamos ya en la espiral de la barbarie y no hay signos de que vayamos a cambiar el rumbo, más bien todo apunta a que vamos a seguir corriendo contra el muro hasta que nos estrellemos. SergeLatouche representa, y alimenta con su pensamiento, a quiénes están hoy sembrando semillas de una civilización diferente, que sea capaz de emerger del colapso anunciado de la civilización industrial, basada en la cooperación y no en la competencia violenta por hacerse con los recursos escasos, en los cuidados y no en la explotación, en la abundancia frugal y no en el consumismo derrochador, en la convivencia en la diversidad y no en la homogeneidad cultural.

Sigue vigente el lema de “pensar globalmente, actuar localmente”. Necesitamos pensar el medio y largo plazo para orientar nuestras decisiones en el corto plazo. Frente a la tiranía de la inmediatez, frente a la caducidad de las noticias de hechos expuestos sin conexión, necesitamos recuperar el arte de pensar, la reflexión pausada. El decrecimiento es un concepto obús propuesto por Latouche contra la ideología del crecimiento ilimitado.

Quiénes se toman la molestia de pensar a medio plazo, analizando las curvas decrecientes de las reservas disponibles de los recursos clave para la economía (energías fósiles, metales conductores de electricidad, fosfatos para la agroindustria, minerales raros para la informática y las telecomunicaciones,…) y las demandas crecientes de los mismos impulsada por la necesidad de crecer, crecer y crecer, llegan a una conclusión unánime. El siglo XXI es el del colapso de la civilización industrial. Colapso anunciado para 2030, por el doble efecto de un nuevo estallido, definitivo, de la burbuja financiera y el encarecimiento de la energía por la escasez del petróleo. Una civilización cuyos dirigentes son ciegos que conducen a consumidores dependientes sólo puede ir al desastre. Mientras los “graneros” se vacían, los dirigentes insisten en extraer de ellos más de lo que reponemos.

Encontrar el equilibrio en la extracción de recursos, acompasar la capacidad bioproductiva del planeta con la huella ecológica de la sociedad, implica algo inaudito en la historia de la humanidad: una revolución de la mente, de la cultura, de los valores, de las costumbres. Necesitamos atrevernos a pensar que es posible vivir mejor con menos (consumo despilfarrador, prisas, estrés, sobreexplotación laboral,…). El mérito de Serge Latouche está en unir filosofía y economía para lanzarnos 8 verbos que empiezan con “R” para Revaluar (reordenar los valores dominantes) y Reconceptualizar (repensar el mundo), para Reducir nuestra huella ecológica Redistribuyendo los recursos, Relocalizando la economía para acercar la producción al consumo, Reutilizando las cosas, reparándolas cuando se estropean, Reciclándolas cuando mueren para que lo que extraemos de la naturaleza siga un circulo económico desde la cuna a la cuna.

El camino para sobrevivir al colapso pasa por alumbrar una nueva civilización dando pasos concretos de transición. Y Serge Latouche nos ofrece herramientas para pensarla y transitarla. En el próximo artículo ilustraremos propuestas concretas para Sevilla, algunas ya puestas en marcha por la iniciativa social.

Esteban de Manuel Jerez

Arquitecto profesor de la E.T.S.A y coportavoz de Equo Sevilla

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