El Precio de la Devoción
11/04/2018

Quedan los coletazos de la recién vivida Semana Santa, esa bajo el signo de los nuevos tiempos de la seguridad, el análisis técnico y el cuestionamiento permanente del modelo de cara a las reformas que habrán de venir para que pueda seguir creciendo… o no.

Pero más allá de otros aspectos que me han llamado la atención en esta nueva era de la sobreinformación, el sobrecontrol y la mercantilización de múltiples aspectos ligados a una fiesta que, hasta no hace tanto, seguía en manos de los protagonistas de la misma, es decir, las cofradías y el soberano pueblo hispalense, ha habido una -que se ha producido esta semana- que me ha resultado de lo más pintoresca.

Tenía ocasión de leer hace poco en ese Foro Cofrade que suele ser fuente de jugosa información colmillesca para los periodistas de la prensa malva (ni rosa ni morada), que a instancia -no se sabe bien- de una todopoderosa formación musical del arrabal trianero o de alguna sociedad de autores, se había obligado a retirar del portal You Tube el video de la entrada en la Plaza de la Magdalena de una de las imágenes más populares de la Madrugá sevillana.

Al parecer, la causa debe ser que el video, grabado con su móvil por uno de esos esforzados frikies con canal propio, contenía la interpretación de una marcha de estreno en la citada formación, pieza inédita no interpretada en los conciertos cuaresmales para preservarla de posibles versiones por otras bandas de las que siguen al dedillo todo lo que hace la sinfónica de metales objeto de este artículo.

Uno que ya se ha bregado un poquito en la refriega -aún no resuelta- de los derechos de autor sobre las composiciones que se interpretan en las procesiones sevillanas, fenómeno a caballo (nunca mejor dicho) entre el acto de culto y el espectáculo público, según las normas de aplicación en la materia, está curado de espanto sobre el particular.

Obviamente, hay cuestiones complejas en el entramado de relaciones económicas entre los profesionales de la composición, los intérpretes, los destinatarios de las obras y hasta productoras discográficas y usuarios finales del producto. En ellas intervienen los derechos de autor, la propiedad intelectual, los derechos de explotación y cuantos tecnicismos jurídicos quieran ustedes sumar a un fenómeno que mueve pasiones más o menos irracionales, a veces muy alejadas del misticismo de su destino final.

Pero sorprende muchísimo en un caso como este, que la denuncia de un video que muestra el procesionar de una Imagen que para los cofrades es sagrada, por una cuestión accesoria y complementaria como es el hecho de la música que lo acompaña. Si la decisión viene de la propia formación, parte de la Hermandad y devota de tan sacro Misterio, cuyo fin principal es el fomento del culto público, sería aún más rechinante, otorgando todo el protagonismo a su intervención y los aspectos más mercantiles de su actividad, frente a la exposición del acto de culto cuya difusión no solo sería legítima -por ser pública- sino recomendable por el propio fin último de la estación.

No profundizaré en juicios de valor por la ausencia de datos, aunque puedan resultar evidentes, ya que no consta que se denunciaran igualmente otras grabaciones en otros puntos del recorrido y con otro acompañamiento, ni mucho menos la misma interpretación en el canal propio de la banda. Pero es muy preocupante que desde los propios implicados en tan loable y devota celebración nos empeñemos en poner precio -que no valor- a lo que se supone que es el acompañamiento de sus hermanos a la secular imagen en un acto de culto, y no a un concierto de pago.

La cosa merece su reflexión, porque al fin y a la postre, nos quejamos de las agresiones externas al sentimiento religioso sevillano, incluso a las injerencias económicamente estimulantes de operadores de otras provincias, cuando estamos haciendo un flaco favor a los pocos que seguimos creyendo que lo único realmente importante de todo esto es lo que lo ha mantenido vivo durante seis siglos.

Con estas cosas, casi que me alegro que mi Cristo salga sin música.

José Carlos Cutiño
Abogado Experto en Consumo
@jccutino

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