Huir de Catalunya
11/10/2017

Dícese que está haciendo más por evitar la independencia catalana la decisión de las grandes corporaciones de sacar su domicilio social de tan proceloso e inestable territorio, que todos los esfuerzos del Gobierno de España y la Justicia por llevarse cuatro urnas del chino, poniendo a los pies de los caballos a las esforzadas fuerzas de seguridad del Estado.

Y es que si algo miedoso hay en el mundo es la pasta… Es intuir que la plata está en peligro y poner pies en polvorosa en cualquier dirección que ofrezca una mejor garantía y cobertura. Y ahora mismo, la mera perspectiva de que Cataluña quedara fuera de España, fuera de la Unión Europea y en manos de unos políticos desnortados cogidos de los genitales por un grupo antisistema y anticapitalista, puede parecer aterradora para cualquiera que tenga sus cuartos invertidos o depositados en el –hasta ahora- próspero territorio.

Lo más curioso del caso viene dado porque la reacción de la banca ha sido la que, a la postre, ha dado altas dosis de credibilidad a un escenario hasta entonces impensable, pese al empeño catalanista de hacer ver que iban en serio y hasta las últimas consecuencias. Si es que, cuando las ratas saltan del barco… (entiéndase como símil descriptivo sin ningún ánimo peyorativo).

Ciertamente, los que tenemos algún ahorrillo en los bancos catalanes, que en esta tierra somos -mayoritariamente- los que vimos como nuestras históricas cajas eran fagocitadas por el gigante catalán, porque nuestros próceres hicieron el Don Tancredo ante la posibilidad de crear una gran entidad andaluza por aquellos de los celos partidarios y territoriales, estamos una mijita más tranquilos pensando que los mismos seguirán bajo la tutela de las coberturas del fondo de garantía de depósitos y el Banco Central Europeo.

Pero, ¿de verdad podría haber sido de otro modo? Parece difícil imaginar. Pero la realidad es que las grandes corporaciones y entidades financieras tienen poco corazón y menos sentido territorial ni de apego al terruño, y cuando los depósitos vuelan y los accionistas se ponen nerviosos, entienden de política lo que yo de la pesca del salmón en Yemen.

Lo de perder el paraguas del Fondo de Garantía de Depósitos o la tutela del Banco Central Europeo era una entelequia, por todo lo que tendría que pasar previamente. Pero ha bastado ver desfilar el personal sacando sus cuartos para que la catalana Caixa y el catalanísimo Sabadell hayan salido cagando leshes camino de aguas menos procelosas. Y eso aunque para ello haya habido que hacer una modificación normativa por Real Decreto Ley que ha mermado aún más el capitidisminuido poder de los pequeños accionistas, hasta en decisiones tan trascendentes como estas.

Y es que parece mentira que la realidad económica no la marquen los datos objetivos con capacidad para retratar la realidad de la situación, sino el catálogo de percepciones subjetivas y particulares de quienes en cualquier momento pueden actuar presas de un miedo real o impostado.

Al final, ha sido la economía la que ha hecho real el riesgo de que Cataluña pueda independizarse, reflejándose en las decisiones económicas todos los miedos de unos mercados que suelen exigir sosiego y seguridad jurídica para hacer negocio. Todo lo contrario de lo que exhibe a día de hoy esta, aún, comunidad autónoma.

A partir de ahí habrá que ver, porque cuesta hacerse a la idea de que Codorníu o Freixenet puedan perder su condición aunque se muden a Albacete, y también preocupa -y mucho- el boicot que ya se masca en la calle contra productos clásicos y típicos catalanes.

Como decíamos, el dinero es aún más cobarde que los políticos -que ya es decir- y ahí es donde más fuerte ha recibido el desafío independentista. Y si fuera Murcia no sé, pero siendo Catalunya, donde la pela es la pela, esto pinta tener un recorrido más corto que Santa Marta a paso de lluvia.

Charitas Christi Urget Nos…

José Carlos Cutiño
Abogado Experto en Consumo
@jccutino

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