La carrera del revés
13/09/2017

Que en Sevilla siempre es Miércoles de ceniza, aunque andemos aún guardando los meybas y las chanclas agosteñas, resulta tan cierto como que la magnitud socioeconómica de nuestra Semana Mayor no cabe, ni en esos siete días, ni en los cuarenta de la Cuaresma.

Que no es que seamos jartibles –que también-, sino que, la cosa se está poniendo tan complicada, que se entiende que garantizar el discurrir de la Fiesta, ora por las carreritas, ora por la amenaza fantasma que se cierne sobre los eventos de masas, sea por un quíteme allá unos minutos, dos calles o una revirá, sea tema candente y haya que tratarlo con sosiego, calma y tiempo.

Y hete aquí, que este mundillo, habitualmente tildado de inmovilista –y con razón-, ha venido a dar la sorpresita estival, con una propuesta de resolución de horarios, cruces y atascos que ha dejado pasmados a los voceros de la Sevilla Eterna e inamovible: hagamos lo mismo pero al revés.

Pero vamos, que no se trata de empezar la cofradía por la flautín de Tejera y los habituales “linterna y antorcha” -inefables grabadores de sones de marchas de palio- para acabarla con la cruz de guía, sino de recorrer el teatro de vanidades de la Carrera Oficial empezándola por la obligada estación en la Catedral, para rematarla en La Campana.

¡¡¡Han blasfemado!!! Rugen ya, algunos de los guardianes del calabozo en el que quieren mantener secuestradas nuestras tradiciones… Esos “marcianos” (ingenioso gentilicio acuñado a cuenta de ser los del Martes Santo… quizás con la implícita intención de tildar la iniciativa de marcianada… ¿lo pillan?)… repito: esos marcianos parecen pretender demoler los sacrosantos cimientos del actual diseño del invento.

Los argumentos no dejan de ser curiosos, como aquellos que defienden que una vez cumplimentada la obligación de la visita al Templo Metropolitano, qué sentido tiene un itinerario oficial que te aleja, en lugar de acercarte, de tu sede. Y digo curioso porque nadie se plantea qué sentido tiene llegar hasta la Campana desde Santa Cruz, San Fernando, El Cerro, El Porvenir o El Plantinar, cuando a sus comitivas les pilla mucho más cerca la Catedral, único objetivo espiritualmente justificable de la estación.

Y es que parece que existe cierto pudor en reconocer que el actual modelo de recorrido oficial tiene como principal y prioritario objeto mantener el sistema de reparto de subvenciones que tanto bien le ha hecho al patrimonio y –por qué no- a la acción social de las cofradías. Y no solo eso, sino que además los diferentes estudios y prospecciones van más encaminados a modificar la carrera ampliando su aforo y atendiendo la demanda existente que a lo contrario.
Y es que, los jurdeles de la subvención, puede que no sean imprescindibles para muchas hermandades de la nómina, pero son jugosos y sabrosones para cualquiera –y bienvenido sean cuando acaban en la asistencia social o en los talleres artesanos- y no conviene meneallos, que luego pasa lo que pasa.

Así puestos, y teniendo en cuenta que la pela es la pela, ¿tan complicado resulta plantearse que quizás haya llegado el momento de cambiar el modelo? Vale que eso de cambiar aleatoriamente el sentido de la carrera según le venga al día puede sentar las bases de la quiebra de la homogeneidad actual, algo que ya ocurrió en tiempos con el Sábado Santo e incluso ha llegado a plantearse con carácter excepcional para La Madrugada.

La cuestión es que vale la pena pensar, incluso si ese modelo valdría para toda la semana, porque nadie se va a rasgar las vestiduras porque las cofradías hagan kilómetro y medio en dirección contraria tras la Catedral si es para asegurar treinta mil euritos para sus legítimas cosas y causas.

Miren ustedes que la cosa se va poniendo complicada en cuanto a los problemas de tiempo y espacio, con el peregil de la seguridad, y si eso justifica minar de vallas el Centro de la ciudad, quizás también justifique medidas más imaginativas. Así que estudien las marcianadas, que lo mismo son la solución…

José Carlos Cutiño
Abogado Experto en Consumo
@jccutino

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