Las colas de El Prat
09/08/2017

Si lo que se ha montado -y aún se tiene que montar si no lo han resuelto los negociadores- en el aeropuerto de El Prat, a cuenta de la huelga/no-huelga/huelga-de-celo de los empleados de la seguridad del aeropuerto de Barcelona se monta en Andalucía, aviaítos íbamos. Nos daban la del tigre.

Pero mire usted que ha tocado en el de la futura capital del Imperio de Puigdemont, presuntamente por causas supuestamente solo achacables al centralismo madrileño y su aversión a la Senyera. Eso sí, habrá dejado a miles de personas, turistas o viajeros accidentales, con escasas ganas de volver a pasar por los arcos de vigilancia de tan frecuentado nudo de viajeros.

La cosa no ha sido menor, y se habla de miles de afectados a los que las esperas de dos a tres horas han privado de poder tomar sus vuelos vacacionales o por obligación, arruinando expectativas y fastidiando sobremanera sus planes… como debe ser. Que una huelga no es huelga ni ná si no tiene como rehenes un buen puñado de frágiles e impotentes usuarios a los que reventarles sus legítimos derechos. Como dijo una responsable sindical: si hay colas está todo ganado, si no, estará todo perdido. Es decir, si conseguimos destrozarles las vacaciones a un número significativo de inocentes ciudadanos, seguros que sacamos nuestra legítima manteca, porque si es por nuestra fuerza negociadora, lo tenemos crudo.

Que no digo yo que el derecho de huelga tenga que ser necesariamente aséptico y neutral para la ciudadanía, pero lo de convertir al personal en ajeno target involuntario de la acción sindical, ya raya en el sadismo y merecería algún tipo de colleja legal, porque los fines no pueden siempre justificar los medios. Especialmente cuando los medios pasan por tocarles las campanillas a los que nos son ni arte ni parte en el conflicto, y solo se ven involucrados como víctimas colaterales de los encontrados intereses ajenos. En el fondo, ¿qué sería de un buen conflicto laboral si no se cabreara suficientemente a unos miles de afectados para concienciar a la Sociedad de lo pertinente y/o urgente de su solución?.

La realidad es que los usuarios no valemos un pimiento en estos choques de trenes; que no importamos un pimiento a los interlocutores que intervienen en los conflictos; y que causa sonrojo -en rojo pimiento- escuchar a los responsables de una y otra parte tratando de escurrir el bulto para que su eventual responsabilidad descanse sobre hombros ajenos. Así causan sonrojo -como las declaraciones de la sindicalista de marras- las manifestaciones de algunos responsables públicos trasladando toda la responsabilidad por los perjuicios particulares causados a la empresa de vigilancia que tiene adjudicado por barata licitación el servicio en el aeropuerto barcelonés.

Vamos a ver, miarma, que esto es de primero de Derecho Administrativo: la competencia de la seguridad en los vuelos y los aeropuertos españoles es una responsabilidad de servicio público compartida por los ministerios de Interior y de Fomento como titular de las instalaciones. Que Fomento quiera gestionar estas instalaciones de interés general -como para enterrar miles de millones de dinero público en algunos que siguen desiertos- mediante su empresa pública instrumental AENA y ésta quiera prestar el servicio a través de una empresa privada que concurre a una licitación pública tirando los costes, es un mero accidente fruto del afán privatizador de todo lo que huela a servicio de interés general.

Pero el único responsable final de que el servicio no se preste adecuadamente y que esto cause un perjuicio injustificado a la ciudadanía es la Administración Pública competente, que luego podrá repetir contra sus gestores en función de sus acuerdos concesionales para la explotación del servicio. Esto es de Catón, y si hubiera un mínimo de vergüenza torera, ya estaría AENA pidiendo disculpas a los usuarios y ofreciendo cauces para paliar los daños y perjuicios causados -que serán muchos- en lugar de desviar el tiro hacia la empresa privada a la que tendrá que exigir responsabilidades a nivel de incumplimiento de sus compromisos, pero que no es la que debe responder ante la ciudadanía.

Lo suyo sería que algo tan trascendental en nuestro actual escenario socio-político como la seguridad en los aeropuertos estuviera en manos de los cuerpos de seguridad del Estado, cualificados, dotados y bien preparados para ello. Pero buscamos soluciones baratas y con la menor carga para las arcas públicas y al final pasa esto.

Lo barato sale caro… pero al menos tengan la vergüenza de dar la cara.

José Carlos Cutiño
Abogado Experto en Consumo
@jccutino

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