Más Black, Black, Friday
29/11/2017

Que tenemos una capacidad prodigiosa para mimetizarnos con cualquier novedosa práctica comercial que provenga allende los mares es tan cierto como que vamos camino de erigir Halloween como Fiesta Nacional. Hace dos años nadie sabía que puñetas era eso del Black Friday, y alguno se imaginaría –incluso- que era una banda de Heavy Metal con reminiscencias del lado oscuro, y ahora lo practican hasta los manteros de Tetuán.

Ha bastado ese tiempo para que esa práctica comercial de raíces culturales norteamericanas haya calado hasta el extremo de poner el centro de la Ciudad a revientacalderas y al comercio tradicional de los nervios, al comprobar como el personal cambia sus hábitos de compra en la búsqueda de la rebaja anticipada. Evidentemente, esto altera de manera significativa la campaña navideña, habitualmente temporada alta para ese comercio, que ve como el consumidor se retiene y concentra sus compras en lo que ha dejado de ser un viernes para convertirse en casi una semana de ofertas.

Y es que en las carreras de fondo, quienes llevan las de ganar suelen ser las grandes cadenas comerciales y, con el enorme desarrollo del comercio electrónico, los superportales de venta on line como Amazon o Aliexpress. Estas enseñas, con sus peculiaridades, se han convertido ya en referentes para muchos consumidores que le han perdido el miedo a tirar de tarjeta en el pujante comercio electrónico.

No han faltado las voces que han vuelto a surgir desde el comercio tradicional pidiendo la regulación de las ventas promocionales, para evitar lo que consideran un escenario caótico que propicia una competencia desleal de otras fórmulas de distribución comercial. Esta es una cantinela continua desde que se desregularon las ventas en rebajas, desapareciendo las limitaciones temporales establecidas para el uso de esta denominación, y los argumentos siguen siendo igual de anacrónicos y conscientemente ignorantes de la realidad.

Y es que pedir que se pongan puertas al campo local -cuando resulta igual de fácil comprar en la calle Puente y Pellón que en Kuala Lumpur- es hacerse trampas al solitario. La realidad del mercado ha cambiado tanto con la irrupción de las nuevas tecnologías en los canales de venta que pensar que cabe incidir a reglamento sobre el margen de beneficios que los vendedores quieren aplicarse, en función de cuándo quieran aplicárselo, es una entelequia de poca inteligencia y peores expectativas.

El escenario comercial está sufriendo cambios radicales que requieren de adaptaciones radicales y valientes. Si la gente sabe que un mes antes de las fechas navideñas va a encontrarse con ofertas de calibre, va a ser normal que cualquiera con dos dedos de frente planifique sus compras en torno a esas ofertas y a las tradicionales rebajas que cada vez se activan con mayor antelación y anarquía. Es lo que cabe esperar, y no porque lo diga Media Markt, sino porque de verdad el personal no es tonto, sino muy adaptativo a las circunstancias.

De este modo, andarse a estas alturas perdiendo el tiempo en quejidos lastimeros en lugar de estar estudiando el modelo de negocio que requiere este entorno es un paná. Un entorno extraño en el que el precio y las ofertas que ofrecen los canales comerciales son factores aún más determinantes, una vez que Internet ha democratizado el acceso a un mercado universal que no entiende de reglamentos.

Las nuevas reglamentaciones tienen que estar orientadas a reforzar la protección del consumidor en ese campo sin fronteras, en el que muchos operadores trabajan desde dónde no llegan los controles de calidad de los supervisores europeos.

Y ahí, en el terreno de la calidad, la proximidad y la confianza del consumidor es donde tienen que ganar su batalla diaria el comercio tradicional, sea haciendo Black Friday, Ciber Monday o after hours…

José Carlos Cutiño
Abogado Experto en Consumo
@jccutino

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