Perseguidos en su refugio
16/03/2017

En España la religión católica es con diferencia la más practicada, hasta el punto de ser progenitora de una cultura social de la que aún forma parte indisoluble, en costumbres y en la formación urbanística de todos y cada una de nuestros pueblos y ciudades.

Nuestra Constitución, como norma suprema del ordenamiento jurídico, tenía la obligación moral de nombrarla como fuente de la pacífica convivencia y de la idiosincrasia de un pueblo que, bajo su manto, se ha desarrollado hasta ser lo que hoy es.

Muchos, muy dispares y graves han sido los errores cometidos por algunas de las personas que han representado pública e institucionalmente a la Iglesia, (el brazo político de la fe cristiana), pero sin duda muchos menos que los aciertos y la labor solidaria que tanto hace por quienes sufren el olvido del resto de la sociedad.

El respeto a quienes profesan fe cristiana desaparece amparado por viejos movimientos políticos que hoy se popularizan con las mismas ideas pero con nuevas caras. La base de sus reivindicaciones contra la curia eclesiástica no está exenta de motivación, pero late en ellas el mismo odio que antaño provocó el episodio más vergonzoso de nuestra historia.

La política de Podemos y las religiones se parecen demasiado, crecen en torno a un líder o deidad, se reproducen entre los débiles de mente como lo único en que creer y se consagran con los sacrificios de los ciudadanos.

De ahí que no me tiemble la voz al aseverar que es objetivamente muchísimo más útil socialmente la labor del Catolicismo en España que la de un grupo político que no ha mejorado en nada la vida ni de ricos ni de pobres.

Pablo Cambronero es letrado.
Militante de Ciudadanos Sevilla.
@AlbaMensual

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