Pirateo Eléctrico
15/03/2017

Se han hecho públicas -en esta última semana- las sanciones impuestas por la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) a diversas empresas del sector eléctrico por la captación fraudulenta de clientes para el denominado “mercado libre” de la luz.

No se me imaginen grandes cosas: entre cuatro compañías suman unos pírricos 155.000 euros en multas que, si bien a un sevillanito le dan para comprar un loft en el Soho de la Alameda y ponerlo en alquiler turístico en AirBnB, a estas grandes corporaciones les supone una fruslería anecdótica. De hecho, más que por su ridículo importe, les resultará molesto por lo que supone el que, institucional y administrativamente, se pongan de manifiesto las múltiples barbaridades que se están produciendo desde que la legión de comerciales subcontratados tomaron las calles y nuestros hogares en pos de sus legítimas –o no tanto- comisiones.

Es una querencia muy de nuestra tierra: lo que sale del paritorio suponiéndose que va a traer los beneficios a leal competencia y, por ende, al sufrido consumidor, termina convirtiéndose en un patio de monipodio. Que ya tiene narices que a veinte años vista sigamos añorando el monopolio anterior, señal de que la liberalización / desregulación neoliberal (por imperativo comunitario) ha sido tan mal gestionada como nefasta para el ciudadano.

Que España, siendo el país de la Unión Europea con mayores recursos renovables con diferencia esté en el medallero top de los que tienen tarifas eléctricas más elevadas –en términos absolutos, en relativos por renta per capita ni les cuento, que me da la risa- pone de manifiesto que aquí la mano siempre se abre para el trinque. El interés social es algo perfectamente prescindible cuando el político de turno huele el tufillo irresistible del silloncete en el consejo de administración para cuando se jubile de lo público.

Pero bueno, eso da para un tratado sobre desverguenza político-moral que no cabe en las letras para las que da esta columna, ni en todo el añorado Espasa Calpe.

Yo venía a referirme a la cacería de contratos puerta a puerta que venimos padeciendo desde hace años. Y no porque el honrado oficio de comercial de este sector o de cualquier otro deba ser esencialmente puesto en cuestión, como no pongo en cuestión a los sufridos comisionistas de Círculo de Lectores o de cualquier aseguradora de muertos, que van picando a puerta fría para sacar adelante una hipoteca plagada de cláusulas abusivas, presuntamente negociadas de tú a tú con la banca. Sino porque el pasote de tomaduras de pelo por esos/as jóvenes (habitualmente) de trajecito entallado que te vienen contando milongas para cambiarte de compañía no ha sabido ser mínimamente controlado por las empresas del sector.

Los subterfugios de engañaviejas, tales como “venimos por una incidencia en su contador”, o “porque hemos detectado un error en su factura” o porque “nos manda su compañía para explicarle el recibo de la luz”, han terminado sustituyendo a otros más genéricos –aunque poco sinceros- como “vamos a ahorrarle en la factura de la electricidad”. Técnicas de enredo para pillar una copia del DNI, la factura o la cuenta de domiciliación y hacer transferencias a otras compañias o al mercado libre sin un consentimiento real e informado de los consumidores, han estado a la orden del día, y con las firmitas en las tablets sin dejar contrato al usuario, ni les cuento.

De este modo, entre todos se han cargado un emergente nicho de negocio porque -visto lo visto- cada vez más empieza a resultar comercialmente atractivo el producto a tarifa fija, visto que la tarifa regulada se dispara cuando llueve y cuando no llueve, cuando hay tormenta o cuando hay calma chicha, y hasta cuando estrena corbata el ministro del ramo… Ante esto, que probablemente fuera lo pretendido, el análisis asesorado de las posibilidades que empieza a ofrecer el mercado para asegurarse unos precios estables no deja de resultar interesante y conveniente, al menos a priori.

Lo malo es que, del asesoramiento profesional, objetivo y cualificado sobre la gestión de nuestro consumo y nuestros costes energéticos domésticos a lo que se ha hecho puerta a puerta hay la misma distancia a que te asesore sobre inversiones un catedrático de economía aplicada o tu cuñado llevando comisión… un mundo. Si unimos que, en el fondo, los comerciales no dejan de ser unos currantes, por lo habitual tiesos y en precaria circunstancia laboral, que necesitan una comisión como el comer, la exposición al palo crece exponencialmente.

En cualquier caso, la chufla de sanciones impuestas en relación a lo que vienen a generar estas malas prácticas no va a disuadir a nadie de seguir tratando de captar contratos a saco. Así que si llaman a su puerta diciéndole que vienen de su compañía por una incidencia y que le dejen ver su factura para devolverle pasta, pida que enseñen la patita por debajo de la puerta, que si no es el lobo feroz, al menos podría ser una hiena trolera.

José Carlos Cutiño
Abogado Experto en Consumo
@jccutino

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