Un salario justo, no equiparado
08/02/2018

Unos 67.000€ al año gana un agente del FBI yanqui, es decir, del homólogo a la Guardia Civil y Policía Nacional en esta nuestra España. Salvando las enormes distancias, geográficas, económicas e idiosincráticas entre los EEUU y España, llama poderosamente la atención el trato, y no sólo económico, que el país yanqui otorga a sus funcionarios policiales, sobre todo al compararlo.

En nuestro país los policías y guardias civiles, (nuestro FBI), se hacen a la calle mientras el gobierno negocia a la baja cualquier tipo de mejora salarial que estos cuerpos llevan décadas esperando. Y no han esperado mirando al vacío, lo han hecho pagando el más alto de los precios: el de cientos de asesinados de ambos cuerpos por bandas terroristas, junto a la de natural ingrata labor de seguridad ciudadana, policía judicial y científica diaria. La entidad moral e ideológica de un gobierno se mide en mi opinión por el trato que se les da a sus defensores.

Encima los componentes de estos cuerpos piden incluso por debajo de lo que sería natural y justo. Visto lo visto, son estos cuerpos los encargados de hacer respetar aquello que nos mantiene en pacífica convivencia, y ello supondría que cualquier Policía Nacional o Guardia Civil debería cobrar más y mejor que cualquier policía autonómica, pues estas están firmemente contaminadas por las estrategias políticas de los gobiernos autonómicos, sean los que sean. La Constitución se difumina a la hora de mandar a estos cuerpos autonómicos, que dicen regirse por sus Estatutos de Autonomía. Siendo así las cosas, es evidente que la última línea de defensa del orden constitucional está en manos del FBI español, pero por cuatro duros.

Han respetado los tiempos de crisis, las excusas de muchos gobiernos socialistas y populares cumpliendo las órdenes escrupulosamente, como siempre, pero su hartazgo ha llegado.

El Partido Popular saca pecho de su gestión económica, habla de haber saneado las cuentas del Estado, eso sí, manteniendo todos los chiringuitos políticos que habían prometido eliminar, defendiendo gran parte de su gestión en los banquillos de los tribunales y especulando hasta el infinito para retribuir de forma justa a quienes dieron, dan y darán la cara por el mantenimiento del orden constitucional.

Hoy los defensores públicos representan un porcentaje de voto muy goloso, pues no sólo se representan a sí mismos, (unos 160.000 agentes), sino a una sociedad que ha sido testigo del valor de su labor para la democracia.

Pablo Cambronero Piqueras es letrado.
Responsable de Comunicación de Ciudadanos Sevilla.
@AlbaMensual

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