BIENAL FLAMENCO / JESÚS MÉNDEZ Y ANTONIO REYES

Cantaores, donde lo puro y elegante, no se supera

Sevilla Directo - 25/09/2014 10:45:03
Méndez y Reyes cantaores Bienal
Una crítica de Antonio Ortega sobre el mano a mano entre Jesús Méndez y Antonio Reyes en el Lope de Vega.

Cantaores son los dos y cada uno con su eco personal. No, no estoy diciendo que aporten algo nuevo al flamenco, ni siquiera que tengan sellos que vayan a dejar escuelas: ambos no son genios de la creación, sino intérpretes de lo ya creado, pero de mucho empaque. Jesús Méndez es el que está de moda, el cantaor por el que le ha dado a la afición. Suena tan bien que levanta pasiones, pero no es un cantaor largo, no le ha dado tiempo y, a poco que lo saquen de los seis o siete cantes que controla con calidad, se le notan ciertas carencias. Este miércoles, comenzó con éxito su mano a mano con Antonio Reyes. La toná y los romances del principio, le ponían el camino difícil al chiclanero, pero éste sabía que no se podía medir con aquél en los niveles, aunque sí en el paladar, la colmena inagotable que tiene en su garganta, y no le fue a la saga. Méndez también conoce sus cualidades, las mismas que pasan de ser virtudes a defectos cuando descontrola el caudal de voz y los tonos se convierten en gritos. Dije antes que cuando se sale de los moldes que mejor maneja deja en evidencia los patrones que no domina con regusto y, en este recital, los desconchones se le vieron en el taranto de Manuel Torre. Por ahí, perdió lo ganado; porque la cadencia de estos cantes se la llevó al terreno que él pisa y no al que le corresponde. Es justo lo contrario a lo que ocurrió cuando cantó la soleá por bulerías, donde sí sacó al cantaor que levanta pasiones y al destacado artista que es. Estuvo memorable. Y la seguiriya jerezana,uno de los cantes de su repertorio al que mejor resultado le saca, anoche también se la metió en el bolsillo. Pero este estilo, que remató con la cabal de Manuel Molina, en su voz podría ser redondo si no fuera porque coloca los tercios en una cima y luego le cuesta meterlos en el corral. No se trata de que le ponga mesura, que es el peor enemigo del cante, sino de enterrar el quejío en la raíz y no de colocarlo por defecto en las ramas. Son éstos los detalles que noté poco limados en Jesús Méndez; los mismos que luego dejó sin efecto por la eminencia escénica y cantaora que le concedió a la zambra caracolera, interpretada con el acompañamiento de piano de Sergio Monroy. Con este cante abandonó el escenario después de haberlo conquistado demostrando que el futuro es ya parte de su presente.

Antonio Reyes, es el contrapunto tonal de Méndez. Sus conocimientos abordan más registros como consecuencia, claro está, de que le precede en años de ejercicio profesional y su recorrido amortiza más kilómetros. Sin embargo se ha quedado anquilosado en una serie de estilos que no cambia de su repertorio. Vive en ese acomodo que a veces se vuelve en su contra porque siempre anda por las mismas plazuelas, pisando sobre seguro y arriesgando poco en seguir creciendo. Méndez le puso el listón alto, pero él no se achantó, todo lo contrario. Primero con las alegrías, luego con la soleá de Alcalá (¡qué exquisitez!), a continuación con los tangos y finalmente, en su apartado en solitario, con la zambra caracolera a piano. Brilló en todo. Los gritos, no se inventaron para él, canta con los tiempos en una medida que le es propia, no pierde la compostura, se rebusca, se pellizquea, saborea los tercios, los envejece, les quita las legañas y los paladea en su boca. Siempre coge la vertiente natural de los estilos que interpreta y les saca fundamento y sabrosura. Cuando se supera así mismo -anoche lo hizo- se convierte en un artista inconmensurable.

Finalmente, los dos cantaores volvieron a coincidir en el escenario en un mano a mano memorable por fandangos y, para terminar, por bulerías. Ninguno fue mejor que el otro, pero los dos se crecieron respetuosamente, admirándose entre sí, con la complicidad de dos tocaores hechos a sus respectivas medidas: Antonio Higuero, con Reyes, y Manuel Valencia con Méndez. Este recital marca el camino del cante cabal que termina y empieza en un sólo punto de partida, allí donde lo puro no se supera.

FICHA ARTÍSTICA

Bienal de Flamenco de Sevilla/ Cante: Antonio Reyes y Jesús Méndez/ Guitarras: Manuel Valencia y Antonio Higuero/ Palmas: Manuel Salado, Diego Montoya y Tate Núñez/ Piano: Sergio Monroy/ Lugar y fecha: Teatro Lope de Vega, 24 de septiembre de 2014/ Aforo: lleno.

Clasificación: ****

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