SEFF 2016 | ENTREVISTA

Carlos Rivero: “El cine independiente no tiene voz más allá de en festivales como el SEFF”

Alba C. de la Hoz - 09/11/2016 05:13:18
carlos rivero
Hablamos con el cineasta sevillano Carlos Rivero que estrena esta noche su última película, ‘El misterio de Aaron’, dentro de la sección Resistencias del SEFF. Un filme donde su cámara se sumerge en el mundo de su sobrino de cuatro años y experimenta desde su propia percepción el mundo que le rodea. Un mundo adulto repleto de pasos de Semana Santa, con figuritas de nazareno con las que juega entre músicas de procesión e imágenes devotas.

La primera toma de contacto de Carlos Rivero con el Festival de Cine Europeo de Sevilla fue en 2012, asumiendo el rol de jurado campUS, responsable de entregar el galardón a la mejor película de la sección Nuevas Olas. Tras esto, Rivero decide, junto a un grupo de compañeros, fundar una asociación cultural de crítica de cine y producción audiovisual, Outer Cinema, desde donde estos jóvenes peleaban por dar voz al cine independiente.

De la crítica pasa a la dirección. Y, en 2013 lidera una película junto a Alonso Valbuena, ‘Hamelin’. Esta obra supone una reivindicación del cine doméstico. En ese mismo año, meses más tarde, llega su siguiente proyecto, ‘Ouroboros’ un largometraje rodado en latín, y codirigido de nuevo con Alonso Valbuena, este trabajo se estrena en el SEFF y se reproduce en Cineuropa, con ella consigue una nominación a mejor director novel en los premios Asecan de cine andaluz. Tras licenciarse en Comunicación Audiovisual en la Universidad de Sevilla, cursa un máster de creación audiovisual impartido por la escuela LENS en Madrid. Sus últimos trabajos son ‘La inmensa nieve’ (2015), proyectada en el SEFF, dentro de la sección Panorama Andaluz, donde se hizo con el premio Marvin anda Wayne y ‘A Cerna’ (2015).

Este miércoles, Carlos Rivero se enfrenta a un nuevo reto: el estreno de ‘El misterio de Aaron’, dentro de la sección Resistencias del SEFF. Concretamente, el filme podrá verse este miércoles 9, jueves 10 y viernes 11 de noviembre en la Sala 10 del Centro Comercial Nervión Plaza.

¿De qué trata ‘El misterio de Aaron’?

El documental versa sobre la relación de mi sobrino, un niño de tres años, con la Semana Santa de Sevilla, con una realidad algo hostil y perturbadora, que de alguna manera condiciona su mirada y su comportamiento.

La mirada de Aaron me cautivó y tuve la sensación de que había un gran misterio en ella

No soy un director de temas, siempre pienso antes en el cómo que en el qué. No decidí hacer la película sobre la Semana Santa. Siempre llevo la cámara encima, tengo horas y horas de filmaciones que hago sin ningún tipo de intención. En este caso me encontré con la mirada de mi sobrino que enseguida me cautivó y tuve la sensación de que había un gran misterio en ella. Había algo que no entendía y me dejé llevar por eso. Pasé la Semana Santa con él filmándolo, con la única premisa de no girar la cámara hacia esa realidad que a él le fascinaba, y que yo no comprendo ni creo que forme parte de mí.

Cuando hablas de no girar la cámara a esa realidad, ¿quieres decir que en el documental no aparece nadie excepto Aaron?

Eso es, siempre son planos muy cerrados, a veces primeros planos, otras veces son detalles de sus manos, o de sus acciones, pero siempre bajo la premisa de que el mundo que a él le fascina no quede recogido en la película.

cartel el misterio de aaronEn el cartel del documental aparece una mano adulta, puede deducirse que la de su padre, apoyada en el hombro de Aaron, ¿Qué importancia cobran las personas que rodean al niño en la cinta?

La cámara siempre está a la altura de la mirada de Aaron, y él se relaciona con sus padres, sus abuelos, conmigo, con los espectadores de la Semana Santa cuando sale de nazareno… Todas las personas que entran en la película se inmiscuyen en el encuadre de Aaron, no es la película la que busca introducirlos en ese entorno ni en la mirada del niño. Hay muchas manos, pies, o rostros cortados. En ese sentido, la película tenía una única premisa básica, y a partir de ahí dejarse llevar por el hecho de filmar a Aaron, solo a él, y dejarse fascinar por sus gestos, su rostro y por la inocencia de su relación con el mundo.

Haces hincapié en tu intención de no “contaminar” esa mirada de Aaron de la que hablas, y la que has intentado reflejar en la cinta, pero, ¿qué ocurre con el sonido? ¿Qué papel juega en el documental?

He jugado con el sonido, a veces he dejado que el sonido real de la secuencia se meta en la película. Hay algunos diálogos de fondo, gente que se dirige a Aaron, sonidos de la televisión o de la radio, aunque lo trato todo como ruido. De hecho, a la hora de hacer los subtítulos, lo pongo entre paréntesis porque no tiene ninguna intención comunicativa, simplemente forma parte de ese entramado sonoro. Pero sí he considerado importante, para no ser cínico, asumir que esa manipulación mediática y social que de alguna manera está presente en la película, también está presente en mí, a través de mi cámara. Si el cine comparte algo con la realidad es la capacidad manipuladora. Entonces sí me tomo distintas licencias con el sonido, sobre todo a la hora de manipularlo. Lo corto, lo mezclo, lo cambio de lugar, lo sincronizo… Igual con la imagen.

No quería hacer un documental objetivo ni verídico, en ese aspecto. Soy consciente de mi punto de vista, lo manipulo, juego con él. Entre mi manipulación y el ruido de fondo espero llegar a la respuesta, que en este caso creo que me tengo que dar yo.

¿No dudaste en tocar este tema en una ciudad tan cofrade como Sevilla?

Sí, claro. Y soy consciente de que va a haber personas que lean la película de otro modo, algo que a mí me parece bien. Yo tengo una mirada subjetiva y no quería esconderla, pero en ningún caso es una mirada acusadora o que juzgue. Creo que es respetuosa hacia otras opiniones, más analítica que crítica.

La película se puede leer desde muchos aspectos. Hay gente que lo ha interpretado como el viaje final de un niño que van a sacrificar, y para otras personas es el nacimiento de la pasión cofrade. Me siento cómodo en esa ambigüedad, porque no quiero alzar mi voz demasiado fuerte, solo simplemente analizar la realidad y cómo la cámara puede negarla.

El cine tiene que estar con la gente desde que nace. Es lamentable que el arte tenga tan poco peso en la educación

La descripción de la cinta que hace el Festival parte de la pregunta ¿El cofrade nace o se hace?, ¿has hallado la respuesta filmando este proyecto?

No me gusta partir de una verdad, con lo cual yo no partí de mi opinión sobre si el cofrade nace o se hace. Simplemente esperaba encontrar la respuesta filmando esta película. Yo he crecido en el mismo ambiente que Aaron, y de alguna manera mirarle a él es mirarme a mí a través del pasado: he crecido en la misma familia, también salí de nazareno… hasta que en un momento decidí salir de ese entramado y empecé a interesarme por otras cosas.

Soy consciente de lo difícil que es construir una identidad, un comportamiento diferente, cuando hay un ruido mediático tan fuerte que apenas te deja decidir cómo quieres ser. Todos estos conceptos están en la película, y no quiero cerrar esa puerta porque es algo muy complejo, que tiene muchas connotaciones políticas, sociales y antropológicas, pero creo que no es mi labor como cineasta encontrar ese tipo de respuestas. La película no es más que una indagación del poder transformador de la cámara, de la realidad. Una realidad que Aaron intenta construir a través de su mirada y yo con la cámara intento negarla. Y en ese diálogo constante que hay entre la construcción y la negación de la realidad, intento llegar a alguna respuesta sobre la imagen cinematográfica, cómo se forma y hasta qué punto lo real tiene que decir en esa formación.

el misterio de aaron

¿En qué medida crees que el contexto, en este caso en la ciudad de Sevilla y sus tradiciones, condicionan los intereses de un niño?

El otro día leí a un director de cine que decía que todos los niños son ángeles y demonios. Me llamó mucho la atención porque en el fondo lo que quiere decir es que cuando somos pequeños podemos ser cualquier cosa. Cuando nacemos tenemos ya una entidad condicionada que luego se choca con la realidad en la que crecemos, y puede no desarrollarse y convertirnos en otra cosa. Es muy curioso cómo Aaron, estando sus padres muy metidos en el mundo cofrade, cuando ve ese mundo no lo entiende, para él no es diferente la Semana Santa de una convención de Star Wars o la Cabalgata de los Reyes Magos. Yo con él compartía esa sensación de no comprender lo que estaba viendo. Yo no comprendía su mirada, y él no comprendía lo que estaba viendo, pero a los dos nos fascinaba de alguna manera.

Algo que encontré filmando la película, que me pareció casi un milagro y que dice mucho del poder manipulador de los medios y de la capacidad de los niños para absorberlo todo y ser manipulador sin poder poner ningún impedimento, es que Aaron se enfrenta a mi cámara. Al principio no quiere que lo filme, pelea conmigo, golpea la cámara, llora, me da la espalda… pero poco a poco él comienza a interesarse por la cámara y va dejando a un lado la realidad y mira hacia el objetivo. La toca y se pregunta qué es lo que tiene delante. La película acaba con un plano en el yo dejé la cámara grabando en la mesa, me fui y Aaron empezó a tocar la cámara, a enfocar, desenfocar, encuadró y se puso delante y celebró su existencia de alguna manera. Sin darme cuenta yo había hecho lo mismo que al parecer esa realidad hacía en su mirada: manipularlo, construir su identidad o personalidad, en un periodo de tiempo muy pequeño.

Hay espectadores que comparan a Aaron con un mártir, con Juana de Arco o un niño al que van a sacrificar

Eso debe hacernos reflexionar sobre nuestra responsabilidad como cineastas o responsables mediáticos, y más en una ciudad como Sevilla que tiene la tradición muy adherida y es difícil salirse de ella. Hablo de la Semana Santa, como puedo hacerlo del fútbol, pues no hay diferencias a nivel de comportamiento. Yo he visto a jóvenes discutir, y casi llegar a las manos, porque uno había insultado a la virgen del otro, como si se tratase del Betis o el Sevilla.

¿Cuáles han sido las reacciones de las personas que ya han podido ver el documental?

Por un lado para mi familia, que está alejada del cine y muy metida en este universo cofrade, es una película muy inocente, simpática, hermosa… se fascinan por cómo el niño se relaciona con la realidad. Para otra gente, amigos de fuera me han llegado a preguntar si mi familia se ha enfadado conmigo. Ellos han comparado a Aaron con un mártir, con Juana de Arco o un niño al que van a sacrificar.

En ese sentido estoy orgulloso de mi labor como cineasta, por hacer una película libre y respetuosa, sin juzgar. Por la asistencia de estas dos miradas, tan dispares, creo que el resultado de la película ha sido eficaz.

el misterio de aaron 2

Entre tus trabajos anteriores destacan ‘Ourobos’ (2014) o la ‘Inmensa nieve’ (2015). Este último trabajo y ‘El misterio de Aaron’ comparten tu trabajo en solitario. ¿Cómo has afrontado la realización de todos los roles en una producción cinematográfica?

Sí, por desgracia, los cineastas de mi generación estamos acostumbrados a trabajar en estas condiciones y es como lo hacemos casi siempre. No concebimos otra forma de hacerlo porque tampoco hemos tenido otra oportunidad. Si tuviera la oportunidad de pertenecer a la industria, de una manera más real y tangible, quizá seguiría trabajando igual. Nuestra relación con la industria no es ya un problema de medios, porque los cineastas de mi generación confiamos en un cine casero, de guerrilla, menos industrial y más instintivo. Un cine que parte de unas reflexiones con la máquina que no tiene nada que ver con el cine de consumo. En este sentido nos sentimos a gusto. Nuestro problema con la industria es que somos cineastas de festivales, en el mejor de los casos. Otras veces nuestras películas mueren por el camino, hacemos películas para unos cuantos, a veces para nosotros mismos.

El cine independiente se está convirtiendo en algo muy endémico que solo importa a las personas que lo hacemos. Más allá de semanas como esta en Sevilla o de otros no tenemos voz ni manera de llevar nuestra forma de trabajar o nuestra visión sobre el cine a otros lugares. Ya no es cuestión de ganarnos la vida con el cine, que es algo que, por lo menos en mi caso, no va a ocurrir nunca. Me encantaría ser un director de masas, como lo eran Fellini o Hitchcock. Tengo al espectador muy presente, creo que es el principal creador de mi película.

Estoy convencido de que en un tiempo Sevilla será una ciudad muy importante a nivel cinematográfico

En España, en el cine más comercial, hay una concepción muy errónea de lo que significa hacer películas para la gente. Todo consiste en establecer un diálogo cerrado, consumista e intelectualmente muy pobre, que no ofrece retos al espectador y que no confía en su poder como individuo pensante que puede transformar la película. Yo creo en un cine libre, que hace libres a los demás, y lamentablemente creo que en España no tenemos la oportunidad, ni los cineastas ni los espectadores de encontrar esa libertad.

¿Cuál es tu valoración de la evolución del Festival de Cine Europeo de Sevilla?

Yo estoy muy contento de que haya un festival tan bueno en mi ciudad, Sevilla. Una ciudad que no está demasiado relacionada con el cine. Agradezco al SEFF que me haya dado la oportunidad de mostrar mi trabajo, he encontrado mi espacio en el Festival, siempre me han dado voz, también como espectador. Es importante la labor pedagógica que esta iniciativa ofrece en Sevilla, no solo durante esta semana, sino durante todo el año con actividades paralelas que hacen que el cine forme parte de la ciudad. Poco a poco están tirando más semillas y estoy convencido en que dentro de un tiempo Sevilla será una ciudad muy importante a nivel cinematográfico. La gente está harta de ir al cine y ver las mismas películas de siempre, la gente quiere aprender, conocer otras culturas y otros puntos de vista.

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