PATRIMONIO

La Hermandad de los pleitos, los carpinteros de lo blanco de San José

- 17/12/2015 11:03:49
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Álvaro Iglesias | "Y allí los dichos cofrades de San Josephe an echo sus juntas e cabildos e an celebrado e celebran sus fiestas".

La desconocida por muchos sevillanos Capilla de San José nos oculta un tesoro histórico y artístico en el que vamos a intentar introducirnos a través de la hermandad que la custodió durante cuatro siglos y que, gracias a esos carpinteros de lo blanco, hoy podemos disfrutarla, aunque no sin olvidar la urgente y necesaria restauración que debe recibir. Para situarnos en los diferentes gremios del momento, en concreto el de la carpintería se subdividía en varias especialidades, como vamos a mencionar algunos ejemplos a continuación, centrándonos en el que nos interesa, los carpinteros de lo blanco.

Carpinteros de lo blanco: El que trabaja en taller y hace mesas, bancos, etc.
Carpinteros de armar o de afuera: Complejas cubiertas de madera, vinculados con la tradición mudéjar.
Carpinteros de tienda o de lo primo: ebanistas, objetos que se pueden vender en un comercio como muebles.

A principios siglo XVI los carpinteros se reunían en el denominado como Hospital de Dios Padre, San Felipe y Santiago, “en la collación de San Salbador, en una barrera que se hace viniendo de la Sierpe a el hospital del Cuerpo de Dios”. Se conoce el nombre del hospital por un pleito que se conserva en el archivo del Palacio Arzobispal de la Hermandad de la Purísima Concepción en 1671, en la que se habla de la adquisición del solar donde estaba la propia capilla el 18 de noviembre de 1578. La venta fue realizada por la Corporación que residía en el hospital a la de carpinteros de San José, pues la anterior residía de mucho tiempo antes en dicho edificio, aunque convivían sin problemas como declara dicho documento de venta:

“de mucho tiempo desta parte dicha cofradía de San Josephe, e los hermanos de ella, an estado y residido en la dicha casa y hospital de Dios Padre…y allí los dichos cofrades de San Josephe an echo sus juntas e cabildos e an celebrado e celebran sus fiestas”.

La razón de la venta era la dificultad de residir ambas Hermandades en dicho espacio y finalmente se decide cambiar el título del hospital por el de San José, nombre que no abandona hasta nuestros días. Se consolidan como Hermandad religiosa con la aprobación de Reglas en 1571, que será reformada y aprobada de nuevo en 1734. Desgraciadamente no se conserva el original ni ninguna copia de éste, aunque si algunos fragmentos sobre esas Reglas incluidos en los múltiples pleitos que sufre durante su historia.

En 1587 se enfrenta a otro pleito contra el Palacio Arzobispal, ya que se pretendía cerrar por ser un hospital con fines asistenciales: “los oficiales compraron una casa de su propio dinero para hacer sus cabildos y elegir y nombrar alcalde alarife y examinadores de oficio de carpintería y para repartir alcabalas que les toca pagar a los cofrades de su oficio de carpintero”, así demostrando que no tenían fines asistenciales.

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Foto: Sevilladailyphoto

El  27 de enero 1587 se produce la General Reducción de Hospitales Gremiales y de Cofradías, por Orden de Felipe II. Desde 1532 las Cortes de Castilla reclama unificación de los pequeños hospitales en otros generales, Carlos I lo ordena, pero no tiene efecto y las Cortes lo reclaman de nuevo en 1548 y 1555. Será en 1566 cuando Felipe II obtiene una bula de Pío V que le permite comenzar el proceso de Cuenca, Palencia y Segovia para después avanzar por el resto de diócesis, siendo Sevilla una de las últimas en aplicarse. El objetivo era clausurar 75 hospitales, aunque algunos quedarán activos. Los carpinteros para que no les incautaran su sede defendían que no tenía uso de hospital, que tenía dicho nombre para conservar la titulación que tenía antaño, finalmente no entró en la lista de hospitales reducidos.

Gestoso en su Curiosidades antiguas sevillanas, nos cuenta la procesión del Corpus Christi en Sevilla, a la que se sumaban los gremios, aportando un elemento perdido hoy día que es la de los “castillos” que eran estructuras efímeras sobre carretas para realizar escenas teatralizadas. El gremio de carpinteros, que además del castillo se encargaba del adorno de las calles condonando penas por incumplimientos de normas a sus miembros a cambio de trabajar en esta tarea. Además de estos gastos, y el de los cirios, se sumaba el del castillo con el tema del “Nacimiento del Mesías”, destacando la figura de San José, su titular, muy elogiado fue el del año 1530.

Destacaba la función del mayordomo que escogía al alférez que portaba el estandarte de la Hermandad, siempre entre los oficiales más altos y “blanco e no negro”, que fuese bien vestido portando “espada morisca ceñida como es uso e costumbre otros años”. Acompañaban dos trompeteros siempre blancos. Debía estar listos desde la víspera para ir a casa del alcalde, acompañar al alférez para “descojer el pendón” y escoltarlo durante toda la fiesta hasta volver al hospital. Cada carpintero portaba una vela blanca y todos los asistentes pagaban su cuota para contribuir al gasto.

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Un Corpus diferente al actual, la Tarasca.

La Hermandad de San José fue una de las primeras en acoger el voto concepcionista, lo haría en el cabildo del 8 de noviembre de 1615:

“quan precisa obligación nos obliga a todos los de nuestro arte, así los que somos hermanos, como los que no son, de aver sido los primeros que con demostraciones generales, ubiéramos dado principio a la festividad de muy solenes y suntuosa fiesta dedicados al ser Ymaculado de la Soberana Reyna de los ángeles, María señora nuestra, en su Purísima Concepción en estos felices y dichosos tiempos (…) como tenemos por patrón y abogado al que fue esposo, guarda y custodia de la que guardó, a Dios en su alma desde el primer instante (…) dedicándose la suntuosa fiesta (…) con vínculo de juramento.

Tras la bula papal de 1661 la Corporación renovó sus votos en el cabildo del 26 de febrero de 1662. Para dicho culto se habilitó un cuadro de la Purísima de Miguel Güelles, esta obra produjo que un grupo de devotos que se reunían en torno a este cuadro a rendirle culto en el año 1666, generando una congregación nueva, que tendrá fricciones con la de San José, llegando a provocar altercados públicos. Finalmente se forman como hermandad bajo el título de “hermanos de Nuestra Señora de la Concepción”.

Esto no sentó bien a la hermandad de los carpinteros que decidieron realizar un pleito ante el Vicario General del Arzobispado el 15 de enero de 1671, en la que presentando sus Reglas de 1571 y su título de propiedad de 1578, exigían que esa nueva agrupación se rigiese bajo unas Reglas y que se le impidiese hacer uso del altar de la Inmaculada que les pertenecía como el resto del edificio, debido al poco decoro de sus fiestas, llegándolas a catalogar como de “tal profanidad, que acían comedias”. Todo esto no iba a acabar aquí, pues el 11 de enero a la hora de misa se presentaron 60 miembros de la congregación de la Purísima para hacer “ruidos, ubo grande escándalo y alboroto (…) fueron presos y sueltos, costándoles más de 350 reales esta molestia y vejación”. Destacaban además que eran todos “solteros y sin oficio”, en lo que se ajustaban a las Reglas de la hermandad de San José para conseguir su expulsión del espacio religioso, ya que esta Regla deja claro que “no se admita a ninguno que no sea oficial de carpintero.

La respuesta de los inmaculistas fue basarse en que ya llevaban ocho años realizando cultos ante dicho altar y que habían ya conseguido ciertos derechos pues lo habían adornado ante la dejadez de los carpinteros. De hecho los testigos bajo juramento utilizaron argumentos que quizás hoy día sean muy familiares en muchas cofradías, como que todo se originó porque al tirar fuegos artificiales los inmaculistas en la fiesta previa de la Concepción no se convidaron a oficiales de la de San José, o directamente la acusación al mayordomo carpintero, Pedro Calvo de molestarse “por no aberle dado silla para ver el dicho coloquio o comedia, a fomentado este pleito insistiendo a los demás maestros de el dicho oficio para que lo siguiesen”.

Finalmente el provisor quien dictó auto a favor de la hermandad de San José el 24 de junio de 1671 afirmando que suyo es el espacio sagrado de la capilla y que “no sea inquietada, perturbada ni molestada por la dicha hermandad de la Concepción”. Todo esto bajo pena de excomunión y 500 ducados para guerra contra el infiel y eliminando cualquier posibilidad de darle Reglas a la congregación de la Concepción, abocada a la desaparición.

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Un siglo más tarde debido al poco espacio que contaban en el templo “especialmente en el Septenario anual, no pueden los devotos que concurren lograr el deseo de poderse introducir dentro de dicha capilla a las expuestas festividades (…) impidiendo el tránsito de la calle”, llegando a ser incómodo el estar dentro del templo debido a la gran cantidad gentío que acudía a dicho acto.

En 1862 la hermandad quiso incorporarse a la procesión del Corpus con su imagen de San José, el Ayuntamiento se personó en el caso y lo permitió con la condición de que lo hicieran con la imagen de San José de la iglesia de los Descalzos, que era de mayor valía artística porque “es un día de gran concurrencia de personas forasteras”. Los hermanos finalmente aprobaron esta petición y buscaron unas andas en el desaparecido convento de Montesión “una muy buena de Nuestra Señora del Rosario”, pero por la imposibilidad de salir por la puerta de la capilla de San José se rechazaron y tuvieron que invertir todo lo posible para hacer unas nuevas o encontrar otras prestadas, pero finalmente procesionaron con la imagen de los Descalzos y con 30 carpinteros portando velas.

El 22 septiembre de 1858 un incendio en la casa contigua entrando el fuego por una de las ventanas de la sacristía, la mayoría de los cuadros y la imagen de San José se salvaron. Otro de los problemas fueron las nuevas viviendas que se levantaron alrededor del templo que lo “ahogaban”. Llegó a tal punto que el Ayuntamiento que se forma tras la Revolución de Septiembre de 1868 “La Gloriosa” pensó en incautar el templo y así ensanchar la calle, lo único que consiguió frenar este hecho fue el de la caída del régimen que hizo que no se prosiguiera con este demoledor plan urbanístico.

El siglo XX podríamos catalogarlo como el momento de una muerte dulce de esta hermandad, agobiada por los gastos que apenas le permitían conservar la capilla, tomaron la decisión de ceder el templo a una orden religiosa que si puediera hacerse cargo de esa inversión. Esto, tras varios intentos anteriores, se consigue finalmente en el cabildo del 1 de febrero de 1915 se aprobó por unanimidad ceder la capilla a los Capuchinos en calidad de residentes.

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Destrucción tras el incendio de 1931.

Posiblemente el mayor golpe que sufre la hermandad y la capilla llega en la fatídica noche del 12 de mayo de 1931, pese a hacer guardia en la azotea los monjes capuchinos, las revueltas sociales durante la República provocaron que saquearan e incendiaran el templo acumulando bancos en el centro del templo y quemarlos tras rociarles gasolina. El acumular al centro salvó ciertas partes del templo pues generó un efecto “chimenea” que sólo acabó con las falsas bóvedas que cayeron destruidas que facilitó la salida de las llamas por ese punto y no por otras zonas del edificio que se salvó. El hecho de que el bando franquista controlara la ciudad de Sevilla casi desde el principio de la guerra permitió a la orden continuar con su vida habitual y avanzar en sus labores de conservación de la capilla. La Corporación ya por entonces estaba muy apagada, pocas noticias suyas hay, aunque en 1962 hay una propuesta de realizar un nuevo paso procesional, por lo que aún tendría capacidad económica para salir a la calle e impulso de hermanos.

En cambio, aunque no hay documento que demuestre su extinción, en 1967 un cronista nos indica que no hay actividad alguna en la Hermandad pues “los carpinteros, no sé por qué disgusto, se retiraron de la capilla, y dos años en el bienio pasado no han asistido a los cultos de San José ni se han reunido.

Es el fin de una Hermandad que ha defendido durante 4 siglos una capilla, la elevaron, la reconstruyeron y enriquecieron, potenciando lo mejor del barroco sevillano con portadas (la lateral) con diseño de Lucas Valdés, relieves del gusto de Duque Cornejo como “Santa Ana enseñando a la Virgen”, el retablo mayor atribuido a Cayetano de Acosta, el San José con el Niño de Agustín de Perea (1694)… entre otras muchas obras de gran valor, las tenemos a mano, en el corazón de Sevilla, y más en estas fechas tan señaladas de compras y de paseos para contemplar los adornos, qué mejor que pasear por esta joya que es un auténtico regalo de Navidad el del Patriarca Señor San José.

BIBLIOGRAFÍA:

  • CRUZ ISIDORO, Fernando: “La Capilla de San José del Gremio de Carpinteros de los Blanco”. Sevilla, 2015.
  • GESTOSO Y PÉREZ, José: “Curiosidades antiguas sevillanas”. Sevilla, 2001.

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