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La historia (multi)contada

Sevilla Directo - 12/11/2015 11:01:44
absent
Adrián González analiza 'Absent' (2015) proyectada en el marco del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Este es uno de esos documentales de tan transparente concepción y ejecución que uno pensaría que no puede habitar en él grandeza, pero estaría equivocado. El director y co-guionista Matthew Mishory escuchó la historia de su padre sobre la región moldava de Marculesti, que en 1941 fue masacrada por las fuerzas que querían erradicar a los judíos de la faz de la Tierra. En octubre de 2013, Mishory y un equipo mínimo (productor/traductor, director de fotografía, sonidista y él mismo) se fueron a la zona no solo a documentar la vida en el país más pobre y menos visitado de toda Europa (la generación con 30/40 años trabaja en otros lugares para poder mantener a su familia a distancia), sino a preguntar por el pasado del sitio, de una ciudad que quizá tiene una gigantesca vergüenza encima, y cuyas respuestas no están nada claras. En lugar de la habitual voz en off, el cineasta nos habla a través de frecuentes carteles explicativos donde se refiere en primera persona a sus intenciones y experiencias, en una decisión que tiene incluso más sentido vista toda la cinta. Y es que Absent existe también en lo no visto, lo no dicho y lo no escuchado. Eso es vital en esta hora y diez de metraje (muy bien aprovechado), que está teniendo su estreno internacional en el Festival de Sevilla.

En su recorrido por una ciudad sumida en la pobreza, los responsables hablarán con el alcalde de Marculesti y sus múltiples vecinos. Con niños que no aprenden mucho sobre los nazis en la escuela, con adultos que oyeron diferentes historias de sus padres, con unos documentos oficiales que cuentan una historia y una generación, la que pudo ver y saber algo de primera mano, que cuentan cosas opuestas. Las piezas más importantes de su investigación, aunque todas lo son, las protagonizan los ciudadanos de mayor edad. Uno es un historiador que ha dedicado su vida a escribir la historia de la zona para que no se pierda su visión de los hechos y la otra una conmovedora anciana sorda que solo habla ruso y que fue testigo de los hechos de primera mano. Como en un buen reportaje de investigación, Mishory urga con amabilidad pero insistencia en una herida abierta, y llega a conclusiones reveladoras y nada obvias. La barrera lingüística es muy importante, y es que oiremos hablar moldavo, inglés, rumano y ruso, y tenemos que valorar la importancia de un testimonio que casi siempre llega de segunda mano.

La sencillez del proyecto, su clara vocación de querer obtener respuestas sin alzar la voz, es su arma más poderosa. La empatía está garantizada con las intenciones del director (materializar esa “ausencia” a la que alude el título), y aunque también con los moldavos y sus perras vidas, está conseguida la sensación de sospecha sobre lo que están diciendo y por qué lo hacen. Las conclusiones finales, seguidas además de la charla con el hijo del alcalde que ha acabado por protagonizar el cartel, son como un mazazo que acaban de hacer que la película se quede grabada en el espectador, prueba de que Mishory sabe narrar y crear imágenes con potencial perdurable.

Rumanía, Estados Unidos, Suiza, 2015. Dirección: Matthew Mishory. Guión: Matthew Mishory & Marc Cohen. Fotografía: Michael Marius Pessah. Montaje: Marc Cohen. Duración: 71 minutos.

Valoración: ****

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