ENTREVISTA | SEFF 2017

La lucha por la libertad del Teatro Estudio Lebrijano llega al SEFF de la mano de Nonio Parejo

Barranquero Maya - 04/11/2017 02:12:35
Nonio Parejo
Hablamos con Nonio Parejo, director sevillano del documental ‘Más allá del escenario’, que aborda la historia de lucha contra la represión franquista y por la libertad del Teatro Lebrijano, que se podrá ver este sábado en el SEFF.

Se puede decir que ha testimoniado Andalucía por sus cuatro costados sin intimidarle demasiado la historia. Así, por ejemplo, ha abordado la historia de las víctimas de la represión franquista que tuvieron que trabajar como presos en el canal del bajo del Guadalquivir, así como la lucha por la autonomía andaluza marcada por el 4 de diciembre del 77 y el 28 de Febrero del 78. También ha documentado la influencia de los ingleses en Rio Tinto y en Jerez, así como la de los japoneses en Coria del Río. Se ha ocupado de Doñana, de la Costa del Sol y de Níjar, y ha estudiado desde el rastro de la antigüedad clásica en Andalucía, hasta el del último tren de la estación de Plaza de Armas de Sevilla, pasando por la historia de las Cigarreras sevillanas, ya fuera en la serie documental de Canal Sur ‘Documentos Históricos Andaluces’, ya fuera en obras más independientes.

Él es Nonio Parejo, sevillano, nacido en la zona del Prado de San Sebastián, quien vuelve este sábado al recién inaugurado Festival de Cine Europeo de Sevilla desde aquella aparición en 2010 de la que no guarda gran recuerdo a pesar de ir muy bien acompañado. Esta vez la compañía tampoco es mala, es el legendario Teatro Estudio Lebrijano, compañía conformada por Juan Bernabé en 1966 y que acabó constituyéndose como un frente de denuncia contra la represión y de reivindicación de la libertad desde la trinchera del escenario del teatro popular.

“Hemos partido de entrevistas, de gente que participaron directamente como actores, promotores, de gente más específica del mundo teatral, así como del mundo sindical. Hay que tener en cuenta que Lebrija, en los años 60-70 que es cuando nace el Teatro Lebrijano, es un poco la cabeza de la lucha antifranquista. Hay hambre, evidentemente, hay emigración, no hay libertades, la Guardia Civil te puede detener por cualquier tontería, hay un machaque social potente. Entonces en Lebrija se concentra un poco esta ebullición, e igual que se crean sindicatos de obreros del campo, el SOC, pues el grupo lebrijano crea este grupo de teatro para luchar contra el franquismo, que no es que tuvieran esta intención previa, sino que como lo que había era opresión, entonces tenían claro que había que luchar contra eso”, explica Nonio.

¿Pero quién era esta gente?, cabe preguntarse en un primer contacto. Juan Bernabé era seminarista y no el único en el grupo. Es lo que más llamó la atención de Nonio, según comenta, el apoyo que daba la Iglesia a actividades de este tipo. “Hay un montón de gente que participa en movimientos culturales, reivindicativos de aquel momento, que vienen del seminario. Ahora mismo no se puede entender muy bien. Es gracias a la Iglesia que todas estas cosas pueden surgir, tanto por el apoyo a las reivindicaciones sociales, como encierros en las iglesias de trabajadores del campo, como en las actividades culturales con los teleclubs, locales blindados porque ahí no podía entrar la policía, porque eran de la iglesia. Así que de alguna manera era el manto cobertor”.

“No recordaba que hubiera curas tan valientes”

Si bien es cierto que este cambio de actitud de la iglesia vino provocado por el II Concilio de Trento, convocado en 1959 por el papa Juan XXIII y concluido por el papa Pablo VI en 1965. “Yo lo sabía, porque yo soy de esta quinta, lo que no recordaba era que hubiera curas tan valientes. Después recuerdo que estaban los curas obreros, gente que se pringaba con los trabajadores, que se la jugaba. Esto refrescarlo no está mal, un poco por cómo está la iglesia ahora mismo, que está enchaquetá, anquilosada y apartada de donde tiene que estar. Está con la yet más que con la gente”.

Nonio con Pilar Vidal y Manuel Gómez, miembros del Teatro Lebrijano; y Moisés Salama, director de 'Caballo de viento', documental que se proyectará también en el SEFF. Foto: EPiedrabuena.

Nonio con Pilar Vidal y Manuel Gómez, miembros del Teatro Lebrijano; y Moisés Salama, director de ‘Caballo de viento’, documental que se proyectará también en el SEFF. Foto: EPiedrabuena.

Nonio lo sabía porque ya en 1981 abordó en video un documental sobre el Teatro Estudio Lebrijano. Aquel trabajo provocó que la Asociación Cultural Juan Bernabé contactara con él para abordar este nuevo trabajo como homenaje a los 50 años que cumple la compañía. No obstante, no todos los que constituían Teatro Lebrijano habían salido de la iglesia.

“Los demás eran algunos trabajadores, otros hijos de gente de pasta, estaba la hija del alcalde, Ángela Mendaro, gente que iba a misa, era una amalgama de gente, que también es bonito eso, que no es un rollo monocromático tendencioso, que hay gente de todos los estratos sociales, de ricos a pobres”.

Además de las entrevistas y los testimonios, el documental también cuenta con una parte ficcional abordada como elemento narrativo para aliviar la mayor rigidez de la estructura documental, ficción interpretada por José Luis Ortiz Nuevo, quien hasta hace bien poco era director de la Bienal de Flamenco de Sevilla, dimitido tras poco más de dos meses en el cargo y cuya labor en ‘Más allá del escenario’ Nonio califica de “impresionante”. José Luis representa el recuerdo de aquellos tiempos.

“Lo primero que hace es recordar la época después del Golpe de Estado, las barbaridades que se hicieron en Andalucía, para que la gente sepa cómo era el entorno en los 60, que cambió muy poco. Ya no te matan como te mataban en julio y agosto del 36, pero bueno, la represión es brutal, entonces pone esa situación para ver la dificultad que tenían para trabajar toda esta gente, tanto los sindicatos incipientes del campo como el mundo cultural. El teatro tenía que hacer malabares para que no le censuraran, y hacían paralelismos, metáforas, como a través de una obra griega, que claramente evocaba la Guerra Civil. Por ahí se colaba en la censura. Y eso a la gente le llegaba”.

Haciendo un paréntesis, respecto al paso efímero por La Bienal de Ortiz Nuevo, Nonio destaca del exdirector su carisma y creatividad “impresionante”, así como su carácter “friki” en el mejor de los sentidos. “Ha llegado a una estructura establecida, anquilosada y oxidada como es la estructura de la administración y al cuarto día ha chocado, aquello no funcionaba y se ha ido”. “Si hubiera seguido, hubiera hecho un pedazo de Bienal totalmente distinta de lo que hay, le hubiera dado vida, seguro”, apunta.

Cuando rodé en el 81 me quedé pillado con la caña que se daban unos a otros, pero que sonaban y gritaban de verdad

Volviendo al Teatro Lebrijano, destaca especialmente en su corta historia, debido a la muerte de Juan Bernabé en 1971, su paso por el Festival Internacional de Nancy, donde tuvo su verdadera eclosión con su reconocimiento internacional. “Es un teatro del pueblo que se hace para la calle, se representa en carretas, como en la República, y una cosa muy valiosa era su valor expresivo, es decir, cuando se pegan, eran latigazos de verdad. Cuando rodé en el 81 me quedé pillado con la caña que se daban unos a otros, pero que sonaban y gritaban de verdad. Eso llega a una Europa más culta, más evolucionada, y la verdad es que impresiona”, explica.

Y a esta expresividad hay que sumarle el flamenco, pues, como señala Nonio, era la primera vez que el flamenco formaba parte de una estructura teatral, la de su famosa obra ‘Oratorio’. Ahí es donde destaca el nombre de Salvador Távora, quien continúo con buena parte de todo ello en su propia aventura con la compañía La Cuadra.

Hay una frase con la que termino el documental que para mí es la clave, la dice Mario Fuentes, dice que ojalá existieran seis Teatros Lebrijanos ahora mismo para denunciar la que nos estamos comiendo

Embriagado por este tipo de propuestas, cabe preguntarse si hoy en día se hace un teatro que, como poco, lleve de esta esencia lebrijana. “Es complicado porque ahora mismo estamos todos muy acomodados, no sé si ha sido el rollo de la falsa sociedad del bienestar, que una parte del bienestar educacional y sanitario es innegociable, pero después hay otro tema que es el consumismo que nos tiene a todos un poco aletargados y obnubilados. No sé si la gente respondería. Ahora mismo hace falta. Hay una frase con la que termino el documental que para mí es la clave, la dice Mario Fuentes, dice que ojalá existieran seis Teatros Lebrijanos ahora mismo para denunciar la que nos estamos comiendo”.

‘Más allá del escenario’ se podrá ver este sábado a las 19.30 horas en el Teatro Alameda. Anteriormente se proyectó en el Festival de Cine de España de Toulouse, del que Nonio guarda un gran recuerdo. Respecto a la elaboración del documental, seis meses de trabajo, Nonio destaca la labor que realiza Canal Sur en la financiación (70 por ciento del presupuesto a cambio de cinco años de exclusividad) de este tipo de proyectos.

“Hay fotos, hay gente que está viva, pero dentro de cuarenta años estará todo el mundo muerto, las fotos se habrán perdido y no habrá nada, entonces esta historia no existiría si no aglutinándola en un documental con sus pros y sus contras. Finalmente se trata de un envase histórico donde meter todas estas cosas”.

Se ha evolucionado, evidentemente, pero es que los demás han evolucionado más que nosotros

Nacido hace 67 años, a Nonio bien podrían no quedarle muchas cosas que documentar tras almacenar en sus ojos más de 150 obras documentales, enfocados en aspectos sociales de Andalucía. De ahí la pregunta sobre qué es del sentimiento andaluz, si es que queda algo, y qué es de Andalucía, de la que queda, algo debe saber al repecto.

“Yo creo que se está perdiendo, para mal ¿eh? Está claro que las fronteras a mí no me valen y las banderas menos, pero soy nacionalista cultural, yo quiero defender lo mío, pero es que lo mío también está un poco en el reparto equitativo de la riqueza”. “Estamos en una autonomía y bueno, tú no te puedes dejar de la mano, hay una alerta permanente de lucha por lo tuyo, sin decir que yo me voy, sino querer lo mismo que los demás, ni más ni menos, creo que hay un conformismo motivado por los medios que están todos compraos y están callando a la gente”.

“Se ha evolucionado, evidentemente, pero es que los demás han evolucionado más que nosotros. Sería terrible que estuviéramos todavía como en la época de la que hablaba Mario Fuentes, en la que la gente tenga que salir a coger caracoles para comer. Eso no existe. Ahora mismo la gente come, pero qué porcentaje de paro tenemos, y vosotros, que sois más jovencitos, qué futuro tenéis”.

El suyo está más claro, por supuesto. Nonio ya mira a la ficción, justamente por donde comenzó, allá por 1976 con ‘Fin de meridiano’, una obra “totalmente loca”, según recuerda, toda una parodia de la Semana Santa. “En aquella época había unos años de desconcierto, nadie sabía que estaba pasando, nadie se atrevía a meterte un palo, estaba la Guardia Civil al lado junto a un tipo vestido de obispo y otro vestido con un rosario, y la Guardia Civil estaba pillada, todos locos diciendo ¿qué coño están haciendo aquí?”.

Después, gracias a la proyección de esta locura en un festival de cine alternativo en Sevilla, su película fue distribuida por una compañía catalana, lo que propició su contacto con el arquitecto y director Juan Bollaín. Las locuras llamando a las locuras, se podría decir. Con Juan rodó ‘La Alameda’. “Me lo pagaron de puta madre, el no cobró, yo sí, él quería la gloria, pues toma para ti la gloria y para mí la pasta”, comenta riéndose. Eso sí, posteriores trabajos conjuntos ya sí compartieron pasta y gloria, aunque la gloria solo fuera ver reflejado su nombre en los créditos.

Si no es por mi película no se vende la autonomía

Al respecto de la pasta y de la gloria, alude Nonio el documental ‘Andalucía 28F’ y el conflicto que tuvo con la Junta de Andalucía. “Me la robaron y me la manipularon, perdí el juicio porque decían que no había intención de hacer daño, y está registrada a mi nombre en el registro de la propiedad”. “Ahora parece que con el tiempo me están reconociendo que si no es por mi película no se vende la autonomía. Es que no hay otra cosa, tres súper 8 temblones. No hay más”.

Y aunque se podría hablar de otras obras quizás más interesantes, el marco de esta entrevista obliga a abordar ‘El regreso’, pues fue el motivo de su última aparición por el Festival de Cine Europeo de Sevilla en el año 2010, acompañado por Juan Goytisolo y Vicente Aranda.

“Fue mal interpretado. Hubo mucha polémica porque me lo metieron en la Sección Oficial y no era industria, no puede competir en la Sección Oficial que es industria, y entonces mucho carca de Sevilla me dieron caña, Juan Goytisolo y Vicente Aranda salieron a defenderme”.

“El error fue del director. Con el paso del tiempo me he dado cuenta que me manipuló, porque me metió en la Sección Oficial para tener en la inauguración del festival a Juan Goytisolo y Vicente Aranda y eso te salva el festival”. “No he vuelto porque salí muy mal parado, la gente muy desagradecida no supieron verlo, salvo excepciones. Hay gente que lo pone de puta madre pero aquí no supieron verlo”.

Dentro de esa gente que lo vio de “puta madre”, estuvieron, según destaca Nonio, dos catedráticos de universidades norteamericanas, quienes le pidieron su documental para poder usarlo como material de estudio y consulta. También existe una tesis sobre esta obra en la que se alaba el trabajo realizado, tesis que, según cuenta Nonio, envío a alguno de esos carcas sevillanos.

Y antes de todo esto, Nonio fue joven estudiante y fue canalizado a través de la orientación sacerdotal hacia las ciencias, “me metieron los curas porque aprobé matemáticas, me dieron un diez porque se me dio bien ese año, luego no me enteraba de nada”; acabando tras aprobar el preuniversitario en el norte de Londres, en pleno proceso de autoconocimiento muy frecuente en esa época vital. Allí trabajó de ‘cleaner’, es decir, limpiando casas. No obstante, por esa época ya florecía lo que posteriormente vino a constituir el germen del Nonio Parejo que es hoy en día, que fue su pasión por la fotografía. Volvió posteriormente a los estudios, formando parte de la Universidad de Filosofía, donde aprendió todo lo referente a la imagen. Debió de ser un gran estudiante porque escucharlo hablar sobre este tema abruma. A partir de ahí ya solo había que coger una cámara y amigos para gritar ¡acción!.

Además, para rizar el rizo de lo que parece ser una vida repleta de aventuras disparatadas, también fue capaz de realizar crónicas taurinas, ayudando a su padre, famoso periodista taurino, aunque eso de los toros ahora no le suene tan bien porque dice odiar las corridas.

“Mi padre tenía que cubrir físicamente todas las fiestas de España. Entonces había novilladas, toros chicos en verano. Mi padre me dejaba una plantilla y yo con doce años más o menos la rellenaba. Mi hermana me la pasaba a máquina y la llevaba a Radio Nacional para dar los resultados. Un día se cortaron un montón de orejas y rabos y no sabía cómo poner aquello, no me cuadraba, “en el libro de oro”, me decía un viejo que había atrás, y yo: “en el libro de oro de la Maestranza” “.

Este es Nonio Parejo, realizador también de publicidad y no aficionado a los festivales, ganador de dos premios en aquellos festivales de cine de Sevilla antes de ser europeo, sin un ídolo confesable porque “la cultura es una cosa colectiva”, quien cuenta con su propia productora desde 1996 porque no había más remedio, cuyo principal mentor fue el realizador Giuseppe Scotese con quien coincidió cuando trabajó para la RAI, y miembro de una generación que soportó la precariedad de unos tiempos autoritarios, se benefició del privilegio que daban unos tiempos emergentes con todo por inventar y apenas inventores, y se adaptó con desparpajo a esa otra autoridad, la tecnológica, que no tiene piedad con los rebeldes. “A lo mejor ahora es muy fácil aprender y más difícil ser creativo”, comenta. No obstante, asegura que en Andalucía hay gente en esto de lo audiovisual “de puta madre”.

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