BIENAL FLAMENCO / ADELA Y RAFAEL CAMPALLO

La sangre flamenca de los Campallo conquista la Bienal

Sevilla Directo - 03/10/2014 12:12:14
Foto: Antonio Acedo Foto: Antonio Acedo
Una crítica de Antonio Ortega sobre el espectáculo de Adela y Rafael Campallo en el Lope de Vega.

Las sinopsis de los programas de mano de la Bienal, van camino de la épica. Qué desastre. Una sinopsis es la explicación, el desarrollo, el resumen de una obra, pero no; en el flamenco, donde tantos poetas subyacen en el delirio de las letras, estos textos viven para no contar nada. Este sarao de palabras grava sobre el guión, y más que ayudar al entendimiento lo imposibilita. Sangre, el montaje que Adela y Rafael Campallo presentaron anoche en el Lope de Vega, es, en realidad -¡digo yo!-, una retrospectiva de sus vidas artísticas y de sus respectivas trayectorias, ligadas a las secuencias vitales que han protagonizado. Así, el primer cuadro de la obra, Pilares, evoca a los principios, al tiempo en el que el arte estaba en el aire de su casa del Cerro del Águila, donde se han criado, un barrio de la periferia sevillana en el que, en tiempos pretéritos, el flamenco era parte de la cotidianidad de los vecinos. Los hermanos, tres de ellos -Juan, guitarrista, es el tercero; faltaba Mariano que también es tocaor y Pilar Campallo, cantaora- se reencuentran con la infancia. El flamenco era un juego por entonces para ellos. Pero los cantes eran la sintonía de sus vidas. Rafael dibujó ese recuerdo en la esquina derecha del escenario. Junto a él, una radio de cretona por cuyo dial se entrelazaban estilos interpretados por cantaores de época. Finalmente, el dial sintoniza unos tangos de Triana y el bailaor emula a los gitanos viejos de los corrales, con sus pícaros movimientos. En este palo, Rafael es tremendamente envolvente. Lo baila con tanto regusto, que lo conquista. Ya han pasado algunos años y atrás ha quedado el aprendizaje en las primeras academias de los maestros Manolo Marín y de José Galván, y ahora el arte es una profesión también. No dejaron, pues, en el olvido sus pasos por los tablaos, el más emblemático para ellos, fue Los Gallos. Hay que decir, que la puesta en escena de esta obra es exquisita, con pocos elementos, pero con cada cosa, con cada transición, colocada en su sitio y en la medida idónea. La representación del citado tablao, quedo plasmada en una reproducción a tamaño reducido del famoso mural que pintara María Jiménez para adornar el escenario del afamado local flamenco. Aparece primero, Mercedes de Córdoba, directora artística del montaje, bellísimamente vestida al modo de la escuela sevillana, para hacer un guiño por Caña. Tras ella, una Adela que estuvo inconmensurable en todo cuanto interpretó. ¡Qué bailaora de casta hay en esa pequeña figura! !Qué bien baila Adelita!, como diría Matilde Coral. Baile de tablao por caracoles, toque de tablao y cante de tablao, con sus ritmos acelerados y su arquetipo clásico, traídos a un rinconcito del Lope de Vega. Adela es flamenquísima, está llena de reminiscencias, pero es muy suyo todo lo que hace. El abanico y el mantón, arroparon los detalles seductores y salineros de este número. Enrique el Extremeño y Carmen Ledesma, salieron del patio de butacas para sumarse a la fiesta en la bulería romanceada que prosiguió. Fue una perlita de escasos minutos la pataíta de Ledesma, pero cuánto dijo…

En 1998, Rafael Campallo coincide con el coreógrafo José Antonio Ruiz en la Compañía Andalucía de Danza para montar al alimón la coreografía por farruca de “Golpes da la vida”, la dramaturgia exponía a un joven bailaor que quería dejar patente su credenciales ante un reputado coreógrafo, que corregía sus formas y movimientos en aras de pulir los vicios acumulados. La rebeldía del joven ante la sapiencia del maestro, provoca desavenencias que finalmente quedan disipadas. Anoche, rememoraron aquella coreografía. Fue uno de los grandes momentos de Sangre, uno de los más emotivos, la pieza cumbre. El paso a dos con dramaturgia cómica incluida, extendía la alfombra para que finalmente Campallo, firmara excelentemente los estamentos clásicos de la farruca: limpieza en los zapateados y perfecta colocación del cuerpo. Pero la vida es circunstancia y consecuencia, y la oscuridad envuelve su transitar cuando menos lo esperas. Esta realidad también está presente en el montaje. Un golpe tremendo sufrió Adela Campallo hace algunos años cuando un accidente de tráfico estuvo muy cerca de dejarla tetrapléjica y la retiró durante muchos meses de los escenarios. En Sangre ese duro episodio, que la bailaora venció a base de coraje, encontró su horma en la seguiriya (es una licencia que me tomo, pero creo que a esa mala experiencia atendía la escena): el drama, la pena y finalmente el triunfo de una bailaora que resurge de entre las tinieblas. En este palo, Adela tiró de la fuerza, pero con sutilidad, más mesurada que antaño, y con profundo sentimiento. Quedaba otra aparición en solitario de Rafael para bailar por alegrías, ya más acorde al gran artista que actualmente es. Y un final por soleá con un paso a dos entre hermanos al compás que Juan les marcaba. Ahí culminaron la demostración de su prodigiosa sangre. Es de destacar también al grupo que les acompañó y las músicas firmadas por David Vargas y por Juan Campallo. Entre todos conquistaron la Bienal. Esta vez, sí.

FICHA ARTÍSTICA

Bienal de Flamenco de Sevilla/ Baile, dirección y coreografía: Adela y Rafael Campallo/ Dirección artística: Mercedes de Córdoba/ Música y guitarras: David Vargas y Juan Campallo/ Cante: Enrique El Extremeño, Jesús Corbacho y Londro/ Artista invitada: Mercedes de Córdoba/ Colaboración especial: Carmen Ledesma/ Percusión: Raúl Botella/ Lugar y Fecha: Teatro Lope de Vega, Sevilla, 2 de octubre de 2014/ Aforo: lleno.

Clasificación: ****

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