BIENAL FLAMENCO / BALANCE

Lo que pudo ser y no fue

Sevilla Directo - 07/10/2014 14:49:30
Foto: Antonio Acedo Foto: Antonio Acedo
Antonio Ortega | El balance de la XVIII Bienal de flamenco de Sevilla da como resultado una nota media que no sirve para pasar la reválida. Otra Bienal incidente en aspectos que le restan categoría.

La XVIII edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, no pasará a la historia como una de las más destacadas e importantes. En el cajón quedan aún asuntos que pasan por ser males endémicos que, sin embargo, siguen sin ser resueltos y que restan en la calidad organizativa. Uno de los puntos más destacables de esta edición ha sido la apuesta por un contenido de corte clásico, alejado de aquellas propuestas etiquetadas “como flamenco de vanguardia”, cuando en realidad atendían a vertientes musicales y dancísticas de otros géneros. En ese sentido, el festival suscita menos críticas y ha sumado. En el apartado artístico, los triunfos más destacados los han protagonizado Manuela Carrasco, Farruquito, El Lebrijano, José Valencia, los hermanos Campallo y el concierto patrocinado por la Diputación Provincial “…Y Sevilla”, cuyo ideólogo, el cantaor Segundo Falcón, ha hecho posible que el insigne guitarrista Rafael Riqueni volviese a pisar un escenario sevillano. Han sobresalido también, Antonio Reyes y Jesús Méndez y la bailaora Isabel Bayón, que ofreció un espectáculo memorable en el teatro Lope de Vega. Salen de igual modo victoriosos El Pele y los mayores que participaron en el concierto titulado “Toda una vida”, con Romerito de Jerez, La Cañeta, El Peregrino, Carrete de Málaga, Curro de Utrera y Rancapino. En cambio, no se han producido demasiados momentos mágicos. Si bien, quedará para la historia el baile por soleá de El Farru en el montaje “&Dentidades”, y la pieza “Amarguras” interpretada por tres grandes de la guitarra como son el citado Riqueni, Manolo Franco y Paco Jarana. A la espera de los datos oficiales, los organizadores ya han señalado que en esta edición la cifra por recaudación es “histórica”, y tildan de exitosos los resultados. Aunque los ingresos por taquilla no sean sinónimo de éxito en todos los aspectos. Veamos, pues, los resortes que sigue arrastrando la Bienal sin que la nueva dirección los haya limado:

Los puntos negativos y los asuntos pendientes no resueltos

El nombramiento de Cristóbal Ortega se consumó sin más credenciales profesionales que las ejercidas en la gerencia de la compañía de Eva Yerbabuena, algo que ha dejado al trasluz las carencias y el desconocimiento de los que adolece Ortega respecto al mundo artístico del flamenco. Circunstancias, que han obligado la imposición de un Consejo Asesor que censase las decisiones del director. Por lo que él, en rigor, no ha ejercido el gobierno en la parcela artística, sino que la programación ha sido confeccionada bajo las directrices de dicho Consejo. La atribuciones de un director artístico comprenden la organización y el diseño del festival para el que es contratado, y ha de ser él quien establezca el concepto artístico en función del carácter del evento y de su criterio profesional, cuestiones para las que se entiende que ha de estar cualificado. Aquí todo ha estado sujeto a la dependencia de un órgano consultor. Esta edición, pasa por ser una de las más lineales de cuantas se han llevado a cabo a lo largo de sus dieciocho celebraciones, más flamenca, en eso alzamos los elogios, pero muy lineal. Ortega, en este sentido, ha ido a remolque de sus asesores y ha extremado los riesgos, incluso en la inclusión de propuestas que se han vendido como más atrevidas.

La Bienal ha de ser también una lanzadera para los jóvenes artistas y una plataforma expositiva para aquellos que son menos conocidos. Descubrimientos artísticos, por ejemplo,como en otras ediciones, no se ha producido ninguno; de hecho, todos cuantos han actuado en esta Bienal son profesionales conocidos de la afición. En el polo opuesto, han faltado nombres destacados de este arte como Milagros Mengíbar, José Mercé, Vicente Amigo, Gerardo Núñez, José Menese, Eva Yerbabuena, El Pipa, Andrés Marín, Pansequito, Aurora Vargas, El Cabrero o Sara Baras y Joaquín Cortés, que son éxitos seguros de taquilla.

Las decepciones más sonadas

Pero los fracasos más estrepitosos no proceden de los que no han estado en el cartel sino de los que sí participaron en él: el tributo a Enrique Morente en la gala inaugural, quedará negativamente en el recuerdo incluso de los aficionados más amnésicos. Y el homenaje a Paco de Lucía, al que se le ha dedicado genéricamente esta edición de la Bienal, aludiendo a su célebre disco “Fuente y Caudal”, ha acumulado las decepciones más escandalosas: la reunión al aire libre de guitarristas en la Plaza de San Francisco, fue bochornosa, y lejos de rendirle honores al maestro, quedó como una falta de respeto a su legado. Poco se ha entendido, que estando dedicada al genio de Algeciras, el apartado guitarrístico haya sido el más endeble de los últimos años, sin la inclusión de los grandes nombres de la guitarra actual. Por esa línea, también ha defraudado el simposio desarrollado en FIBES entre los días 22 y 26 de septiembre con el fin de estudiar su figura, donde la participación y la asistencia de público ha sido muy escasa.

Las Actividades Paralelas en la trastienda del festival

Las Actividades Paralelas representan otro gran escollo de esta edición del festival, ya que han sufrido la desatención del director, que sólo puso empeño en los actos concernientes a Paco de Lucía. Otras actividades, como la celebración de las I Jornadas de Salud y Prevención de Riesgos Laborales para Artistas del Flamenco, organizadas y financiadas por la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Sevilla, no contaron siquiera con la presencia de Cristóbal Ortega, pese a que la temática se acometía de esa manera por primera vez en la historia del flamenco. Las ponencias de estas Jornadas contaron con expertos médicos de máximo prestigio y el resultado concluyó en un total de 140 participantes, entre ellos grandes figuras del flamenco. Pero la Bienal sólo las publicitó en su página web, sin que le concediera el merecimiento de una rueda de prensa para promocionarla en los medios. Semejante destino han sufrido otras actividades y cursos.

La Bienal de Sevilla sin Sevilla en la Bienal

La Bienal continúa galopando como un caballo cojo en asuntos que ya deberían de haber sido resueltos: los espectáculos se siguen solapando, frenando de este modo la asistencia de aficionados interesados en dos espectáculos del mismo día. Otro asunto pendiente, es el calado del festival en la vida de la ciudad: Sevilla no ha olido a flamenco más allá de las calles aledañas a los teatros; en la mayoría de los barrios los vecinos siguen sin conocer la existencia del que se vende como el “festival de flamenco más importante del mundo”, para paliar estas circunstancias el certamen diseñó una campaña de publicidad impresa en los transportes públicos que, lejos de contribuir a su promoción, ha sufrido de las quejas de los usuarios y ha generado una polémica impopular en las redes sociales. A la periferia sevillana la Bienal no ha llegado porque sencillamente no ha ido. Sólo se han programado actos flamencos en Triana, en tres ocasiones diferentes. Los demás barrios, han sido sencillamente olvidados.

Lo flamenco en las rebajas, el dinero en los programas de mano y otras cuentas pendientes

Esta edición de la Bienal no ha venido a dignificar la labor profesional de los artistas, ya que pese a contar con un presupuesto que ronda el millón cuatrocientos mil euros, ha sido una edición mileurista: muchos de los cantaores que han participado no van a cobrar más de 1.500 euros por su actuación, cantidad a repartir entre los músicos y los palmeros. En el aspecto económico, la Bienal ha ejercido como coproductora del espectáculo Bosque Ardora, de Rocío Molina, una propuesta de danza contemporánea que pone en entredicho nuevamente las gestiones de Cristóbal Ortega, que ha pagado con dinero público destinado al flamenco un espectáculo que no lo es. Los programas de mano y los pases gráficos siguen poniendo de manifiesto el descontrol de algunos departamentos: en la mayoría de los programas no aparecía el repertorio y sólo estaban compuestos por fotografías de diseño, por las fichas artísticas y técnicas y por textos anunciados como sinopsis sin que en realidad lo fuesen. En las fotografías de los pases gráficos publicadas en los periódicos aparecían los artistas con ropa de calle, exportando de esta forma al exterior una imagen poco seria del festival. Esta cuestión, viene viciada desde los principios del certamen, pero no se le ha puesto coto a un asunto que quedaría resuelto con la simple incursión de esa exigencia en el contrato que firman los representantes y los artistas. Las entradas de protocolo han vuelto a ser motivos de críticas en los corrillos de los teatros, dado que la mayoría de las butacas apartadas de la partida de venta de localidades no eran posteriormente ocupadas, restando en los ingresos del festival. En la parcela de comunicación, la que mejor funciona en las oficinas del convento de Santa Clara, sus responsables mantienen el nivel de otros años, pero la Bienal sigue sin ser motivo de atracción no ya para las televisiones nacionales, sino tampoco para las locales de Sevilla ni para el canal autonómico andaluz.

Otros de los apuntes que más polémica ha generado han sido los carteles que anunciaban determinados espectáculos como “estrenos absolutos” sin que lo fueran, motivo por el que un aficionado incluso podría ejercer acciones legales contra el ayuntamiento por publicidad engañosa. Son demasiadas las lonas que ensombrecen a esta Bienal; aunque como anuncian, la recaudación haya sido “histórica”, si el dinero es lo que importa en un festival que se financia con fondos públicos, y que nos cuesta a los sevillanos un millón cuatro cientos mil euros, ya está todo dicho. Así ni es ni será jamás el festival de flamenco más importante del mundo.

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