ENTREVISTA

Manuel Muñoz Rivas: “Me gusta pensar que mi película es una invitación a una experiencia”

Barranquero Maya - 08/11/2017 02:27:11
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Hablamos con Manuel Muñoz Rivas, el único sevillano que compite por el Giraldillo de Oro, de su película ‘El mar nos mira de lejos’, presentada el lunes y que se podrá ver este miércoles en el Teatro Alameda.

Ahí fuera del ajetreo urbano, no muy lejos de este vértigo diario, hay un lugar, un espacio, que es todo, todo lo que los sentidos pueden llegar a abarcar, arena y agua, allí donde el tiempo y el entorno parecen marcan leyes muy diferentes a las del exterior. Es Doñana. Es la vasta extensión de dunas franqueadas por el mar que hacen olvidar que alrededor se desarrolla la marabunta humana del llamado progreso. Es la gente que puebla ese paraje evocando a antiguos ermitaños.

“Las dunas parece, se ve en la película, como un elemento en transformación. Son móviles. Vemos arenilla cayendo y moviéndose casi con mirada de entomólogo, y por otra parte, el mar permanece siempre como un poco inmutable, siempre en movimiento pero la naturaleza del mar, la esencia, está siempre en su lugar, por eso el título de ‘El mar nos mira de lejos’, que viene a insinuar que el mar está en una especie de inmutabilidad, o calma, o eternidad incluso, y desde esa eternidad nos ve pasar. Nosotros estamos de paso, las dunas se mueven, todo cambia, todo está en una especie de mutación aparente, y el mar en cambio permanece como una especie de testigo”.

“Las extensiones de dunas se prestan un poco a imaginar que habrá más allá, eso es una cosa que tenía muy presente mientras trabajamos. Es un territorio que como no lo puedes abarcar con la vista, y es un poquito desértica y tal, pues se presta a la fábula, a la imaginación”.

Ese entorno sedujo al Manuel Muñoz Rivas (1978), y el fruto de esa seducción es ‘El mar nos mira de lejos’, película por la que compite por el Giraldillo de Oro formando parte de la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de su Sevilla natal.

“Yo siempre he veraneado en Matalascañas, conozco un poquito esa zona y siempre me ha llamado la atención esa transición tan abrupta que hay entre un pueblo como Matalascañas, densamente poblado en verano y totalmente fantasmagórico en invierno, con una gran extensión de playa virgen que es la playa que pertenece a Doñana, de esos dos mundos tan dispares, separados apenas por unos cuantos palos y una vallita”.

“Todo parte un poco de ahí, de la atracción hacia algo que plásticamente tenía un interés, estéticamente me gustaban como estaban puestas esas cabañas entre las dunas, y los habitantes de las cabañas también me parecieron originales, hombre singulares con una manera de estar en el mundo nada convencional. Me atrajo, me sedujo”.

Rueda de prensa presentación de 'El mar nos mira de lejos' en el SEFF 2017.

Rueda de prensa de presentación de ‘El mar nos mira de lejos’ en el SEFF 2017.

Y esa atracción cual sirena mitológica, pues como leerán esto tiene mucho de odisea, la afrontó sin el mástil al que atarse y que podría constituir un guion propiamente dicho. Se expuso así a lo que podría ofrecer el entorno, apoyado en un equipo de cuatro personas, gente que conoce bien este tipo de producciones y al propio Manuel pues, como cuenta, forma con un grupo de amigos salidos de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños de Cuba, una especie de cuadrilla de cineastas en la que se van intercambiando roles para sacar adelante los proyectos de cada uno. Hace dos años visitó el SEFF como editor de ‘Dead Slow Ahead’ de Mauro Herce, película que obtuvo una mención de honor. Ahora Mauro ejerce de director de fotografía en esta obra que, más allá de cortometrajes, es la ópera prima de Manuel, y que transita entre la realidad y, más que la imaginación, las sensaciones.

Yo no tenía la garantía de que fuese a encontrar una película

“Mi intención no era la de mostrar al mundo como era ese sitio, sino la de coger estos elementos y trabajar con ellos como si fuese la materia prima con la que trabajo. Entonces hay  un poquito de todo en la película, hay cosas de registro documental, cosas que parecían que merecían la pena filmar, y luego otras muchas cosas que son fruto de intervenciones, de ficción”. “Trabajo de una forma que es muy abierta, imprevisible, suelo estar abierto a los regalos que me ofrece la realidad. Cualquier cosa que haya escrito seguramente se vea luego desbordada por los descubrimientos que se producen en los rodajes”.

Esta forma de trabajar reconoce que provoca cierto desconcierto y mucha angustia. Su mayor preocupación era no encontrar nada, o encontrar algo que no fuera valioso. “Yo no tenía la garantía de que fuese a encontrar una película, podría no haberla encontrado y como tampoco tenía actores a mi disposición y un guion sólido en el cual inspirarme, sino que todo era una especie de búsqueda permanente… También porque es mi primera película. Si vuelvo a hacer una película, según estas coordenadas, tendría un poquito más de confianza en que al final se encuentra algo”. “Es un proceso angustioso, con pequeñas alegrías, con algunos descubrimientos, subidones de adrenalina cuando sientes que encuentras algo que son puntuales”.

Todo esto se lleva mejor gracias a las posibilidades que da el montaje y gracias a la libertad que ha tenido a la hora de filmar, libertad que le permitió ir solo durante una semana a grabar impulsado por la sensación de que algo le faltaba. “Hay una relación un poco de ida y vuelta entre el rodaje y el montaje, y eso te permite durante el propio proceso ir tomando conciencia de qué película estás haciendo, que yo en principio no lo sabía. Esto exige un diseño de producción que permita esto, rodajes que se prolongan en el tiempo o rodajes discontinuos, es indispensable que los productores de la película entiendan la naturaleza del proyecto y que te ayuden a hacer un plan de producción de esta naturaleza”.

La película lo que hace es poner en relación grandes paisajes, rostros humanos, presente, pasado, realidad, mitología

Por lo tanto mucha búsqueda hay en esta película, búsqueda que inició cinco años antes de coger una cámara, tomándose su tiempo para conocer a las personas, principalmente pescadores, que habitan en esas extensiones, y que participan en la película aunque, según advierte Manuel, esta no es una película de personajes.

“Yo creo que no es una película de historias o de personajes sino que es como una exploración de un territorio, y por tanto, todo lo que me he encontrado en ese territorio y que a mí me parecía atractivo, interesante, he intentado abrirle un hueco en la película. La película lo que hace es poner en relación grandes paisajes, rostros humanos, presente, pasado, realidad, mitología”.

La mitología es otro elemento que está presente en esta obra pero no de una manera histórico científica, sino como una especie de aspiración mística a través de la historia de unos arqueólogos que andaban buscando por el lugar el pueblo de los Tartessos. “Me pareció interesante porque de alguna forma aquellos arqueólogos que buscaban una ciudad perdida se parecían un poco, su itinerario por el lugar, a nuestro propio itinerario, que también creo que casi estábamos haciendo con la película una arqueología del lugar, como ir atando cabos, ir tirando del hilo a ver que más descubríamos en ese sitio bajo la arena”.

También está el tiempo como elemento fundamental ligado al paisaje, como una especie de sustrato, como algo misterioso y fascinante. “La idea del tiempo como concepto apareció ya bastante avanzado el proceso de filmación, tuve la impresión de que habían muchos elementos en aquel lugar y en lo que estábamos haciendo que remitían al tiempo como algo fascinante, algo a desentrañar”.

He aprendido a conocerlos y a estar en ese sitio con la paciencia suficiente para sentir el lugar

Pero es el territorio, según reconoce Manuel, el protagonista principal de esta historia. “Creo que es el territorio, en su dimensión temporal, es decir, nosotros creo que hacemos una especie de exploración poética en el territorio poniendo en relación presente y pasado, pequeñas historias concretas, cositas cotidianas que pasan hoy ponerlas en relación con elementos que pertenecen a la mitología del lugar, me parece que el protagonista sería el territorio y el tema quizás sea el tiempo”.

Toda esta inmersión en ese lugar donde el tiempo y el espacio transitan por otras coordenadas, Manuel asegura que le cambió la percepción romántica con la que llegó, que puede ser la misma que a nosotros nos evoque este lugar mientras lo estamos leyendo. “Lo que he aprendido es a mirarlo de una forma más franca, mas frontal. Me he ido bajando de mi mirada exterior y he aprendido a conocerlos y a estar en ese sitio con la paciencia suficiente para sentir el lugar”.

Habrá que ver si el público también tendrá la misma paciencia, especialmente el habituado a ritmos narrativos más nerviosos, más inquietos. “A mí me gusta pensar que mi peli es, más que algo para la vista o para el entendimiento, una invitación a una experiencia. Este es un tipo de cine en el cual las imágenes no están vampirizadas por la narración sino que las imágenes en sí proponen algo para ser contemplado y para ser sentido. Entonces, claro, es un cine que exige por parte del espectador cierta paciencia quizás, o disponibilidad para la contemplación, un tipo sensibilidad”. “Creo que efectivamente son películas que exigen una actitud por parte del espectador, de disponibilidad y de curiosidad, pero creo que a cambio dan una recompensa, no exigen a cambio de nada, exigen y te dan un cierto placer”.

Imagen de 'El mar nos mira de lejos'.

Imagen de ‘El mar nos mira de lejos’.

Y como con toda obra que rezuma originalidad, porque a las fotocopias nadie le pregunta por referentes, ya sea por evidentes, ya sea por insustanciales; ahí va el periodismo en busca de referentes en su lucha por significar. Pero no. No obtenemos nada que ayude más que cierto aroma a western que esboza Manuel que puede haber en la película.

“De manera consciente no hay un referente, de hecho a veces los hay en la fase previa, en la fase de escritura o de pensar la película, porque te sientes muy inseguro, porque todavía no estás filmando y la película es como una especie de nebulosa, una abstracción, una proyección, pero no es nada concreto. En esa fase pues revisas películas, lecturas y cosas que te sirvan para ubicarte un poco, pero luego en el momento en el que te pones a trabajar, la realidad concreta material con la que trabajas como que desplaza todo lo demás. Si hay algún tipo de referente queda como barrido o quitando de en medio, ya trabajas con cosas muy concretas. Sería absurdo superponerle una referencia exterior a algo que está vivo delante de ti y que demanda un tipo de atención”.

Manuel por lo pronto ya ha conseguido la atención del Festival Internacional de Cine de Berlín, donde estuvo el pasado mes de febrero, y ahora del SEFF, donde además de con la película de Mauro Herce estuvo hace cinco años con ‘Arraianos’ de Eloy Enciso, en la que trabajó como editor, película que obtuvo el premio de la sección Nueva Olas. O sea que por unas cosas (cine) u otras (festival y familia) viene a menudo, aunque esta vez sea diferente pues viene por la puerta grande de la Sección Oficial, de lo que no se muestra sorprendido. “Fue una alegría porque para mí es el festival que más me gusta, que más me interesa de los que hay en España por programación”. De las películas vistas por ahora le gustó ‘Western’ de Valeska Grisebach, y asegura querer ver muchas pero señala especialmente ‘Niñato’ de Adrián Orr y ‘Á fábrica de nada’ de Pedro Pinho.

Bien comienza este sevillano, de Triana, después de Tomares y ahora flotando entre Barcelona y Madrid, que estudió publicidad, aunque recalca que lo dice con la boca pequeña porque no llegó a interesarle, y que encontró en Cuba el lugar adecuado para confirmarle su conciencia cinematográfica, ya encendida a través de un curso realizado en Inglaterra, aunque realmente configurada tiempo atrás.

“Mi padre me llevó mucho al cine y a mí es una cosa que siempre me ha encantado, desde niño, esa cosa de meterte en el cine es como que se abre una puerta en la realidad, siempre me ha fascinado, y siempre tuve como espectador con el cine algo que era como mi entretenimiento favorito, mi evasión favorita”. Luego con los años la cosa se fue complicando. Que se lo pregunten sino a Yasujirō Ozu, John Cassavetes, Abbás Kiarostamí, Charles Chaplin y Pier Paolo Pasolini, cinco directores a los que acudió en esta ocasión cuando se le obligó a elegir.

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