ENTREVISTA

Una medalla por la Paz y el Bien

- 23/06/2015 11:19:34
Josefa Romero recoge la Medalla de la Ciudad a Paz y Bien / Foto: Ayuntamiento de Sevilla.
Con motivo de su reciente condecoración con la Medalla de Sevilla, exploramos de la mano de su presidenta Josefa Romero, la Asociación Paz y Bien, encargada de mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad intelectual y de atender a menores en situación de desamparo.

“Cuando recibí la llamada del alcalde anunciándome que, por unanimidad de todos los partidos políticos, Paz y Bien había sido seleccionada para la Medalla de Sevilla, pensé que era la broma de un compañero. En ese momento sentí que me habría gustado que todas las personas que forman Paz y Bien (somos una plantilla de unas 300 personas) y también los que atendemos, hubieran recibido la noticia en ese momento. La medalla no es para la presidenta, sino para la entidad, y la entidad la formamos todos”, explica la presidenta de la Asociación Paz y Bien, Josefa Romero Jiménez, asociación encargada de mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad intelectual y de atender a menores en situación de desamparo.

Paz y Bien nació de la resolución de un fraile capuchino, Rafael Pozo, por tender la mano a aquel sector de la sociedad que, a lo largo de la historia y en todas las culturas, ha sido constantemente señalado con vergüenza, marginado, despreciado e incluso asesinado. Aquel sector al que los caprichos genéticos privaron a sus miembros de las capacidades cognitivas que un miembro común de la sociedad posee, pero que independientemente de ello merecían integrarse en la sociedad como uno más. Aunque no siempre supieron bien cómo hacerlo.

Interiorizamos que no solo era importante la parte laboral, sino también la psicosocial

“Fue en el 89, un año crucial para nuestra asociación. Nuestro planteamiento original de integración estaba muy centrado en el empleo, pero en ese año tuve la oportunidad de ir con varias miembros de la asociación a un intercambio en Italia. Allí recibí una lección muy importante; no vi nada que me llamara la atención en cuanto a estructura, pero sí vi un contenido y una forma de actuar que nos dejó bastante impactados. Interiorizamos que no solo era importante la parte laboral, sino también la psicosocial: enseñarlos a cómo comportarse, a dialogar, a que en la sociedad se le notara lo menos posible sus dificultades para relacionarse. Eso cambió mis esquemas sobre cómo debíamos afrontar nuestra labor en Paz y Bien, pero fue difícil llevar a la gente al nuevo modelo”.

Y aquí se encuentran: presencia a nivel autonómico (especialmente en Sevilla, donde nació) con centros especializados para las necesidades de los internos en función de la gravedad o tipología de su discapacidad y edad, unidades de día y tarde en el que se realizan programas y actividades de apoyo (danzaterapia, taller de familias), centros ocupacionales para ayudar al discapacitado a encontrar un empleo y viviendas tuteladas para fomentar la autonomía. Josefa señala que todo esto se encamina en última instancia a “hacer visible” a los discapacitados, “pero especialmente a ellos mismos”.

“Hemos formado grupos de Autogestores en los que las personas con discapacidad deciden cuestiones de su día a día. Queremos llegar a la universidad, pero no que hable el técnico de turno sino la persona con discapacidad. En próximas asambleas, haremos que ellos puedan participar y dar su opinión, y en la próxima junta directiva, queremos que haya una representación de las personas con discapacidad. Tenemos una granja-escuela a la que van muchos niños de hasta tercero de Primaria, cuyas actividades estás supervisadas por personas con discapacidad. El premio de la Diputación que recibimos el año anterior, la Medalla de la Provincia, lo recogieron dos personas con discapacidad. Eso es hacerlo visible. Y yo creo que con el tiempo, todo ello dará sus frutos”.

Paz y Bien

A menudo oímos en nuestra vida cotidiana expresiones como “minúsválidos”, “discapacitados” u otros términos aún más injustos y excluyentes. Educar en el lenguaje es otra de las funciones básicas de entidades como Paz y Bien.

“Las entidades que nos dedicamos a tratar con la exclusión social nunca estamos satisfechos con la terminología que se le aplican a los colectivos que atendemos. El primer centro con el que nosotros trabajamos (1979) empleaba la nomenclatura subnormales profundos no recuperables. En los años siguientes evolucionó a deficientes, deficientes mentales o personas con retraso mental”.

“En nuestra entidad, ponemos el acento en que aquellos a los que tratamos son personas “con” algo, pero siempre personas. A este respecto, me gustó mucho un término que escuché en un viaje a Guatemala, personas con capacidades diferentes, pues que tengan un problema no implica que no tengan cualidades particulares, como todo el mundo”.

Que tengan un problema no implica que no tengan cualidades particulares, como todo el mundo

Esto tan solo corresponde a la parte dedicada a las personas con discapacidad, pues desde 1998 atienden también a menores en situación de desamparo y con dificultades para la reinserción sociolaboral. Por todo ello han desarrollado un Centro Tutelado para Menores con Discapacidad, un Centro de Acogida Inmediata, un Centro de Autonomía (programa de emancipación para garantizar la autonomía social, laboral y residencial amén de la escolar y formativa), un Programa Residencial Básico para Menores (formación educativa, social y laboral para menores en desamparo) y un Programa de Mayoría de Edad para lograr la plena inserción de los jóvenes entre 18 y 21 años.

Y no se detienen ahí, pues en 2007 Paz y Bien viaja hasta Guatemala, lugar desde donde vino su fundador poco antes de crear la fundación, para iniciar allí su proyecto de protección y manutención de menores con discapacidad, así como otras iniciativas de carácter humanitario. La ambición solidaria de esta entidad parece no tener límites.

“En la Asamblea Extraordinaria que vamos a realizar la próxima semana tenemos pensado realizar una modificación de los estatutos para abrir nuestra actividad a todos los ámbitos de la dependencia y la exclusión social: personas mayores, mujeres víctimas de la violencia de género, drogodependencia… Ya lo iríamos valorando”.

Paz y Bien

Paz y Bien

Y sin embargo, cuando las organizaciones crecen, es muy usual que parte del espíritu, de las ideas que la fundaron se pierdan por el camino, y Paz y Bien no es una excepción, por ello luchan para mantener sus principios originales. “Hemos intentado que no nos pase o nos afecte, y ello requiere de un esfuerzo impresionante. Aquí intentamos que ante todo prevalezcan los pilares fundamentales con los que la asociación nació. Antes éramos muchos menos y las caras nos las veíamos todos los días, pero eso ya no es posible. Estamos estableciendo unas cadenas en la comunicación para que los coordinadores de cada sector informen a todo el personal. También mantenemos encuentros entre miembros de un sector y otro. Se ha perdido la cercanía, pero hacemos lo posible para combatirlo.

La Medalla de Sevilla es el último galardón que la labor de esta asociación ha cosechado, y por su historial (29 en total, entre las que se encuentran el Reina Sofía de Integración y Rehabilitación, el Fundación Mapfre Medicina y la Medalla de Oro de Huelva) es fácil presagiar que no será el último.

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